Es un error oponer «valores asiáticos» y derechos humanos

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En Ginebra, al tiempo que se celebra la sesión anual de la Comisión de Derechos humanos de la ONU -que concluye el 24 de abril-, ha tenido lugar también un debate sobre «Derechos humanos y valores asiáticos», organizado por la Federación Internacional de Ligas de Derechos Humanos. Opositores de los regímenes de Birmania, Indonesia, Tíbet, Vietnam y China han intervenido en este foro difundiendo un mensaje crítico hacia Occidente: los derechos humanos son universales y oponerlos a los «valores asiáticos» es la coartada de los gobiernos autoritarios de Asia.

El disidente chino Wei Jingsheng censuró con especial dureza la postura de Occidente por contemporizar con los criterios del gobierno de su país: si China no tiene el mismo deber de tutelar los derechos humanos que todos los países «significaría que [los chinos] somos menos humanos que los demás», dijo Jingsheng. Sin ningún recato el exiliado denunció la lenidad de las democracias occidentales frente a algunos regímenes asiáticos: «Al batirse en retirada ante los gobiernos autoritarios, los responsables occidentales se unen a una mala causa en nombre de intereses a corto plazo, en lugar de hacer frente común para la defensa de la indivisibilidad de los derechos humanos» (Le Monde, 16-IV-98). Jingsheng sostuvo que los ejemplos de Taiwán y Corea del Sur prueban que la democracia es posible en Asia y considera absurdo disociar el desarrollo económico del respeto de los derechos.

Por su parte, el timorense José Ramos Horta, premio Nobel de la Paz, subrayó la sintonía que hay entre derechos humanos y valores asiáticos. «En los años 60 y 70 -explicó Ramos Horta- la universalidad de los derechos humanos era puesta en duda por los regímenes comunistas de Europa del Este, que veían en ellos una invención occidental y capitalista. Desde el final de la guerra fría, son los regímenes intolerantes de Asia los que han tomado el relevo con los mismos argumentos».

La intervención de Vo Van Ai, presidente del Comité vietnamita de derechos humanos, vituperó a «los potentados rojos» que dirigen su país, por «sus atentados contra las libertades fundamentales». «La excepción asiática que hoy reclaman los responsables de este continente -dijo- equivale a dar libertad a los gobiernos para reprimir impunemente las aspiraciones populares».

En el foro de Ginebra se pronunciaron también otras frases nada ambiguas que completan el cuadro de las tesis que allí se defendieron: «pretender que la libertad es un concepto occidental supone un grave insulto a nuestras propias tradiciones»; «la tortura es siempre la tortura, allá donde sea practicada»; «la libertad de elección, pensamiento y expresión mencionada en la Declaración universal de los derechos humanos es parte integrante de la filosofía budista».

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