Sentido cristiano del sindicalismo

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Autor: Daniel Joaquín Barcala Gil

Digital Reasons.
Madrid (2014).
5 €. (edición digital disponible en www.digitalreasons.es).

Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 67/14

No parece que el movimiento sindical viva en la actualidad, en España y en el resto de países, un momento de esplendor. Además, en el caso de España, este desprestigio se ha visto agravado por los casos de corrupción que han salido a la luz en algunas comunidades autónomas. Sin embargo, el autor de este interesante ensayo considera que el sindicalismo “es un componente imprescindible de la sociedad democrática”. Otra cosa es que lo que existe, lo más conocido, necesite urgentemente una reconversión.

El autor, vinculado desde hace años al movimiento sindical, defiende el trabajo que han hecho los sindicatos desde su creación a finales del XIX y a lo largo del siglo XX, con sus luces y sombras. Gracias a ellos, se ha conseguido, casi de manera generalizada en el mundo occidental, que exista seguridad social, subsidios de jubilación y enfermedad, cobertura de maternidad para las mujeres trabajadoras, etc. Los sindicatos han sido un freno a las posiciones radicales de liberales que, en su afán de multiplicar la productividad como fuese, han considerado a los trabajadores como una parte más del engranaje industrial. Merece la pena conocer el trabajo de los sindicatos en muchos lugares para valorar su necesidad. Por ejemplo, el autor destaca lo que consiguió el sindicato polaco Solidaridad en los años 80 del siglo XX, provocando con sus protestas los cambios que después ocasionarían el derrumbamiento del comunismo en tantos países.

Barcala desmitifica también otro cliché que está en el ambiente, sobre todo entre partidos y sindicatos vinculados a la izquierda: que la Iglesia –dicen– ha dado la espalda a los sindicatos y que ha sido la aliada natural de la burguesía y del poder. El autor muestra lo que ha hecho la Iglesia para que se mejoren las condiciones laborales de los trabajadores. Por un lado, a través de los pronunciamientos doctrinales, como la rompedora encíclica de León XIII, Rerum novarum, de 1891, de tanta trascendencia para la evolución de los movimientos obreros y sindicales, y también, después, tantos otros documentos que llegan hasta el pontificado actual; y, por otro, con la asidua acción de numerosas organizaciones vinculadas directa o indirectamente a la Iglesia.

En este sentido, el libro reivindica el papel de la Iglesia en el mundo del trabajo. Basta con leer, por ejemplo, las encíclicas sociales de Juan Pablo II (Laborem exercens, Centesimus annus) y los textos que sobre la cuestión social han escrito, entre otros, Benedicto XVI y el papa Francisco (por ejemplo, en su exhortación apostólica Evangelii gaudium) para comprobar que no se trata de intervenciones ocasionales y marginales sino de una presencia constante en el mensaje de la Iglesia.

El contenido del libro sirve, entre otras cosas, para conocer mejor también la doctrina social de la Iglesia, y para tener una visión histórica y de conjunto sobre la evolución de las asociaciones de obreros y los sindicatos. Con referencias a su pasado y a la historia reciente, Barcala Gil explica el ideario y algunas señas distintivas de las grandes confederaciones españolas: CC.OO., UGT, la Unión Sindical Obrera (USO) y la Confederación Sindical Independiente de Funcionarios (CSI-CSIF). A continuación dedica un significativo capítulo a la labor de la Iglesia “en el resurgimiento del sindicalismo democrático español”, labor que algunos prefieren ocultar.

El libro concluye con un capítulo en el que el autor sintetiza sus ideas para regenerar el sindicalismo con el fin de mejorar su fundamental papel en la sociedad actual.


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