Falso testimonio

Bearing False Witness

Página 1

Autor: Rodney Stark

Sal Terrae.
Santander (2017).
302 págs.
20 € (papel) / 5,99 € (digital).
Traducción: Isidro Arias Pérez.

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“Yo no soy católico romano –dice Rodney Stark– y no he escrito este libro en defensa de la Iglesia. Lo he escrito en defensa de la historia”. El origen de este ensayo es el malestar intelectual de un sociólogo de la religión que, al investigar antes sobre el cristianismo primitivo y medieval, se va dando cuenta de importantes tergiversaciones que deforman el juicio sobre la acción de la Iglesia católica.

Stark, codirector del Instituto para Estudios de la Religión en la Universidad de Baylor (Texas), había estudiado la rápida expansión del cristianismo en los tres primeros siglos (The Rise of Christianity) y el sustrato cultural cristiano que hizo posible el progreso de la civilización occidental (How the West Won).

En esta nueva obra selecciona una serie de temas bastante habituales en la polémica anticatólica –antisemitismo, oscurantismo medieval, Inquisición, rechazo de la ciencia…– y los va poniendo a prueba. Al comienzo de cada capítulo expone la visión convencional y arraigada sobre el asunto, para después confrontarla con los resultados de investigaciones modernas y no sesgadas. Stark no pretende ser un experto en cada uno de esos temas; por eso, da cuenta en cada capítulo de los estudios especializados en los que se basa y cuyos resultados divulga.

Su condición de sociólogo se nota en su atención a las cifras, siempre que es posible. Por ejemplo, la idea de que a partir de Constantino la Iglesia aprovechó su nueva condición para extirpar rápidamente el paganismo, queda en entredicho al ver la afiliación religiosa de los individuos nombrados cónsules y prefectos hasta mediados del siglo V, lista en la que los paganos son una buena parte. También llama la atención que, durante el periodo comprendido entre 1540 y 1700, en los tribunales de la Inquisición española, de 44.674 encausados solo 826 fueron ejecutados, y hay que tener en cuenta que estos tribunales no entendían solo de acusaciones de herejía, sino también de otros delitos como violaciones, perjurio o abuso de menores.

O cuando, frente al tópico de que la ciencia despega en la era de la Ilustración gracias a su ruptura con la fe cristiana, Stark se fija en la afiliación religiosa de 52 científicos estrella de la época, y resulta que la cuarta parte son clérigos, hay tantos católicos como protestantes, y en conjunto el 60% resultan ser creyentes convencidos y solo un 1%, escépticos.

No es que Stark pretenda presentar una hoja de servicios de la Iglesia católica sin tacha. En cada tema tratado reconoce también fallos y limitaciones. Pero los coloca en el contexto de la época, lo que en muchos casos muestra que la Iglesia lo hizo mejor que otros, cuya actitud no suele ser recordada. Como también tienden a ser silenciadas persecuciones implacables contra la Iglesia, por parte de los revolucionarios franceses o los regímenes comunistas, fanatizados por el empeño de erradicar la fe.

El libro de Stark es un alegato eficaz para sacudir intelectualmente unos prejuicios que, por pereza mental o tergiversación intencionada, transmiten una visión negativa del catolicismo. 


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