12 reglas para vivir. Un antídoto al caos

12 Rules for Life: An Antidote to Chaos

Página 1

Autor: Jordan B. Peterson

Planeta.
Barcelona (2018).
512 págs.
21,90 € (papel) / 12,99 € (digital).
Traducción: Juan Ruiz Herrero.

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A pesar del título, este libro es un ensayo de autoayuda bastante sui generis. Está lejos de toda esa literatura indulgente con el lector y repleta de optimismo ingenuo que promete cambios rápidos a base de recetas milagrosas. Peterson se aparta de toda condescendencia y es extremadamente realista, trágico: la vida es dura, ganan los fuertes, a nuestro alrededor hay sufrimiento y existe el mal. Pero el hombre puede encontrar sentido a su vida.

Como psicólogo clínico, pues, se aparta de las terapias positivas que solo alimentan el narcisismo y la inocencia utópica, lo que provoca, a largo plazo, nuevas y más dolorosas frustraciones. A pesar de la polémica que generó su libro cuando salió en inglés y aunque sus opiniones –algunas de las contenidas en el libro, pero sobre todo las que ha dado a conocer en entrevistas y artículos– han levantado una gran polvareda, lo cierto es que las reglas que propone en este ensayo son las que se infieren de nuestra gran tradición cultural, a las que Peterson suma el aval de los últimos descubrimientos científicos.

La idea de fondo es la que ya dio a conocer en su anterior libro, Maps of Meaning, donde exploraba el sentido moral de la cultura: las narraciones bíblicas, los mitos, la filosofía y la literatura ordenan la existencia humana y proveen al hombre de criterios para superar el caos, los conflictos, las perturbaciones. Hacen, en resumen, que el ser humano se sienta en su casa habitando el mundo.

El éxito del libro, y su fama en las redes sociales, no tiene tanto que ver con su incorrección política –de la que el autor hacía ya gala hace un par de años– como con su capacidad por conectar con un público hastiado con el relativismo, cansado de la indiferencia posmoderna y confuso en términos existenciales, que parecía estar condenado a decidir su identidad sin criterio o fundamento alguno. Es ese clima de “desorden”, que ha desdibujado las fronteras entre el bien y el mal, entre lo mejor y lo peor, entre la belleza y la fealdad, el que ha rematado a toda una generación con la expansión del nihilismo.

Con las reglas que explica en su libro, Peterson trata de mostrar el orden y el significado de la existencia a quienes deseen convencerse de que el nihilismo resulta improductivo y, sobre todo, perjudicial. No se trata de contrarrestar con moralina la tibieza posmoderna, sino de dejar claro que enderezar el timón de la vida exige decisión, fortaleza; menos caprichos.

Para Peterson, la naturaleza es sabia y muestra que no se pueden eliminar las jerarquías y las distinciones. En esa condición jerárquica natural se basan también la diferencia entre bien y mal, y el sentido moral del hombre. Es eso mismo lo que crea orden en el mundo. Ese entramado de cultura, orden y normas compone el marco de referencia que dota de significado nuestra vida.

Se puede estar, sin gran dificultad, de acuerdo con las reglas que propone, pero la explicación que ofrece de ellas es más confusa: mezcla tradiciones religiosas, argumentos científicos, psicoanálisis y una gran dosis de filosofía nietzscheana, como si en ocasiones el modelo antropológico correcto fuera el superhombre.

El interés de Peterson es psicológico, no filosófico, y se puede antojar demasiado vitalista. Ha sido criado como cristiano, pero no ha comentado si cree o no. A veces es místico, como cuando habla del “ser” heideggeriano; otras, más cientificista. En definitiva, uno saca la conclusión de que intenta superar el nihilismo cultural con el que se salda la muerte de Dios buscando alternativas de sentido. La pregunta es, sin embargo, si esas reglas, con bases tan frágiles y confusas, son suficientes o si su “antídoto contra el caos” solo pospone la insatisfacción existencial.

Versión actualizada de la reseña publicada el 28-02-2018 de la edición original en inglés.


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