Estadio Lusail, con capacidad para 80.000 espectadores, inaugurado en agosto de 2022, donde se jugará la final del Mundial de Qatar (foto: Sanjay JS)
La Copa Mundial de Fútbol es un evento que moviliza pasiones en las naciones participantes. No obstante, no es un secreto que también representa la “inmensa mayoría” de los ingresos de la FIFA, que la organiza. Según los informes financieros de la entidad, el pasado Mundial de Rusia (2018) fue uno de los más rentables de toda la historia, ya que dejó unos ingresos para la FIFA de 5.357 millones de dólares, casi el triple de la inversión realizada (1.824 millones).
El Mundial de 2022 se celebra del 20 de noviembre al 18 de diciembre en Qatar, país de escasa tradición futbolística. Ya en los últimos años, varios países del mundo, especialmente los que tienen las ligas más seguidas de Europa, han buscado llevar algunas competiciones a lugares fuera del continente, con la finalidad de “exportar” su producto futbolístico y obtener más dinero para las federaciones. Ejemplos de esto son la Supercopa de España, que este año se jugó en Arabia Saudita, como también se había hecho antes con la Supercoppa di Lega de Italia; o el Trophée des Champions francés, que ha tenido ediciones en China, Marruecos y Estados Unidos.
Distintos medios de comunicación y parte del público en general han criticado esta táctica, que llaman “vender el fútbol a los petrodólares”, ya que algunos países a los que se trasladan esas competiciones poseen una inmensa riqueza, procedente del petróleo, que les permite “comprarlas”. La misma sospecha se ha suscitado a propósito del próximo Mundial en Qatar.
Elección discutida
La elección de Qatar como sede para el Mundial de 2022 es un caso significativo. Además de este país, en 2007 también habían presentado sus candidaturas Australia, Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Debido a la regla de rotación, la cual estipula que cada edición de la Copa del Mundo se debe disputar en un continente distinto al de la anterior, Estados Unidos se quedó sin la posibilidad de ser sede.
Qatar fue elegido como sede del Mundial, cuando no tenía ni la infraestructura ni los estadios necesarios
Corea del Sur y Japón se perfilaban como las mejores opciones para albergar la competición, ya que ambas ya habían sido sede en 2002 –con gran éxito– y contaban con una buena infraestructura. Pero Qatar fue la elegida, a pesar de que en ese momento no contaba con estadios suficientes para albergar el torneo y las condiciones climáticas (calor extremo) no eran favorables para que la competición se llevara a cabo en los meses acostumbrados (junio-julio).
A raíz de esta elección, y la de Rusia como sede para el Mundial de 2018, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó acusaciones contra exdirigentes de la FIFA. Las denuncias sostienen que varios funcionarios recibieron sobornos, a cambio de un voto favorable para Rusia y Qatar. Ambos países negaron cualquier tipo de irregularidad.
La “inflación” mundialista
Uno de los fenómenos que evidencia el caso de Qatar es la escalada del presupuesto para organizar un Mundial. Una información de Front Office Sports estima que Qatar destinará más de 220.000 millones de dólares, lo que convierte la presente edición en el Mundial más caro de la historia.
El salto con respecto a las anteriores ediciones es abismal. En Brasil 2014 ya se comenzaba a percibir esa tendencia: se presupuestaron 15.000 millones de dólares, 11.400 millones más que en la anterior edición. En Rusia 2018 no se llegó a tanto, pero el costo previsto, 11.600 millones de dólares, volvió a suponer un fuerte incremento con respecto a Sudáfrica 2010.
Por su parte, en Qatar se reportan gastos de entre 6.500 y 10.000 millones de dólares en la construcción de estadios. Los 210.000 millones restantes son los que destinará el gobierno de Qatar a infraestructuras: transporte, puertos, aeropuertos, hospitales, etc. Esto se debe a que uno de sus objetivos es utilizar el Mundial como catalizador para “dar la vuelta al país” y mejorar su imagen.
Derechos humanos
Pero las mayores críticas a esta edición del torneo se centran en las restricciones de derechos y libertades en Qatar, que se ponen en evidencia con ocasión del Mundial. El expresidente francés Nicolas Sarkozy, actualmente investigado por la justicia de su país por su intervención en la adjudicación del Mundial a Qatar, elogió en su día la decisión. La celebró como una “elección estratégica y política mayor” y un “reequilibrio” para que “un país musulmán organice por primera vez un evento de esta importancia”.
Qatar tiene el islam como religión oficial, según la rama wahabita, la misma que impera en Arabia Saudí. Permite un grado de libertad religiosa claramente mayor que su vecino, pero la conversión del islam a otra fe está prohibida, y se pena con la cárcel el intento de atraer a un musulmán a otra religión. A la vez, la ley y las costumbres tienen tendencias fundamentalistas, lo que ha provocado protestas en el extranjero con ocasión del Mundial. El diario La voz digital recoge algunas acciones que están penalizadas en Qatar.
Es muy difícil saber cuántos trabajadores han muerto en los trabajos de construcción de estadios e infraestructuras
Uno de los aspectos que se han subrayado es la penalización de la homosexualidad, cuya manifestación pública se paga con cinco años de prisión. Por otro lado, los aficionados no podrán beber alcohol en los estadios, ni tomar fotografías de edificios gubernamentales o de ciudadanos qataríes. Estas normas, al igual que las limitaciones a las actividades religiosas, no son medidas impuestas por causa del Mundial, sino que forman parte del ordenamiento vigente; pero se teme que la afluencia de extranjeros en las próximas semanas dé lugar a un refuerzo del control.
Estadios a costa de vidas
Pero el principal motivo de protestas ha sido el trato dado a los trabajadores. Cuando en 2010 Qatar fue elegido sede del Mundial de fútbol, ya existía en el país una numerosa mano de obra inmigrante, y se trajo más para la construcción de los estadios e infraestructuras necesarios para albergar el torneo. El país quedó en la mira de todo el mundo cuando se reportaron miles de muertes por accidentes laborales, jornadas de trabajo bajo calor extremo y salarios escasos. Estimar la cifra total de fallecidos es muy complicado. El diario británico The Guardian expone en un artículo que la cifra asciende a 6.500 trabajadores. No obstante, existe una gran cantidad de lagunas, vacíos e imprecisiones dentro de la información, por lo que no se puede determinar una cifra realmente fidedigna.
La revista RollingStone recoge un informe realizado por la consultora Equidem, donde se afirma que los trabajadores de los estadios de la Copa del Mundo fueron sometidos a condiciones de “cautividad”, mientras el gobierno de Qatar y la FIFA encubrían los abusos. El estudio también expone que casi la mitad de los trabajadores con los que se habló dijeron haber sufrido algún tipo discriminación, y uno de cada cinco experimentó violaciones de sus derechos. Una proporción algo menor no recibieron los salarios y beneficios prometidos, y todos reportaron que se les exigió pagar tarifas ilegales para ser contratados.
Sin embargo, Nasser al Khatel, jefe ejecutivo del comité organizador del Mundial, expuso ante un medio estadounidense que “el número de fallecidos en los estadios de la Copa del Mundo por causas relacionadas con el trabajo son solamente tres. Hay algo más de 30 víctimas mortales que no están relacionadas con el trabajo”. Estas declaraciones son en parte ciertas. Se tiene documentadas las muertes de dos trabajadores por caídas y de uno más atropellado por un camión cisterna. No obstante, esto no toma en cuenta aquellos obreros fallecidos en la construcción de otros edificios o instalaciones: redes de metro, autopistas, hoteles y otros proyectos que nacieron gracias al torneo. Por tanto, el total de defunciones puede ser mucho más elevado.
Fútbol ante todo
A pocos días del comienzo del Mundial, Joseph Blatter, quien era presidente de la FIFA cuando Qatar fue elegido, hizo unas declaraciones en las que expresó que fue “un error” y una “mala elección”. Sin embargo, no se pronunció sobre ninguna de las polémicas mencionadas, sino que solamente se limitó a decir que “es un país demasiado pequeño. El fútbol y la Copa del Mundo son demasiado grandes para eso”.
Ahora el Mundial es inminente, y parece que sobre los aspectos oscuros se impone la necesidad de disputarlo. Luis Enrique, el seleccionador español, dijo el día de la presentación de los convocados para jugar en Qatar: “A pesar de todas las polémicas que se sabía que se iban a generar, [el Mundial] se organizó de esta manera, y yo estoy encantado de representar a mi país allí donde sea necesario (…) En mi caso, soy seleccionador, no soy político, no tengo ninguna capacidad de decisión y me centro en el fútbol”.