El Capitalismo y los historiadores

TÍTULO ORIGINALCapitalism and the Historians

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Varios AutoresUnión Editorial. Madrid (1997). 203 págs. 2.600 ptas. Edición original: University of Chicago (1956).

Es esta la segunda edición en castellano (la primera, de 1974, estaba en la práctica ilocalizable) de una serie de trabajos de la cuarta reunión anual de la sociedad de académicos liberales Mont Pelerin, presentados en 1951, sobre los orígenes del capitalismo. ¿Cuáles fueron realmente los hechos? ¿Cómo los presentaron los historiadores? ¿Por qué? Son las tres preguntas básicas a las que se pretende responder.

Las experiencias del pasado son la base sobre la cual se construyen esencialmente nuestras opiniones políticas, mientras que estas mismas opiniones son las que de alguna manera influyen inevitablemente en nuestra interpretación del mismo pasado. De ahí que si los prejuicios marxistas exigían que el avance del capitalismo se produjera en perjuicio de la clase trabajadora, así lo encontraron los que lo buscaban. No hay que olvidar que la historia social y económica fue impulsada y desarrollada principalmente por intelectuales de inspiración socialista o fabiana. Por eso la difundida repulsa emocional contra el capitalismo se halla estrechamente ligada a la creencia de que el aumento de la riqueza que indiscutiblemente produjo se consiguió al precio de un deterioro del nivel de vida de las capas sociales más débiles.

A través de la lectura de las distintas aportaciones de Hayek, Ashton, Hacker, De Jouvenel, Hartwell y Hutt se va fundamentando la impresión contraria. Antes de la Revolución Industrial la cantidad de tierra y de instrumentos de labranza que se heredaban de generación en generación limitaban el número total de los que podían vivir; no poseerlos equivalía a la muerte, o al menos a la imposibilidad del matrimonio. Pero el proletariado que el capitalismo “creó” fue realmente un incremento de población que tuvo lugar gracias a las nuevas posibilidades de ocupación entonces surgidas. La indignación ante la miseria no fue debida al aumento de la indigencia, sino a la nueva conciencia del poder del hombre para combatir las causas. Cada vez se tuvo más conciencia de determinadas situaciones que antes pasaban inadvertidas, pues el alza de riqueza y bienestar alteró los criterios y aumentó las exigencias. El capitalismo fue precisamente el causante de que por primera vez en la historia de los hombres surgiese el sentimiento de que la miseria podría ser evitada. Aunque no faltaron actitudes insolidarias entre los más ricos, lo que parece ya fuera de toda duda es el hecho histórico de que el nivel de vida económico y social de las clases trabajadoras no dejó de aumentar durante la Revolución Industrial, pese a las leyendas que durante cerca de cien años se han difundido con la interpretación contraria.

Pese a que hace ya más de cuarenta años que Hayek y sus colegas de la Mont Pelerin analizaron los fundamentos de los mitos anticapitalistas, todavía hoy puede resultar enriquecedora, y en ocasiones hasta desconcertante, la lectura de sus conclusiones.

Antonio del Cano