Derecha e izquierda

TÍTULO ORIGINALDestra e sinistra

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Taurus. Madrid (1995). 192 págs. 1.500 ptas. 2ª ed. Donzelli. Roma (1995).

¿Está en crisis la clásica distinción entre “derechas” e “izquierdas”? Es cierto que las diferencias entre los dos términos de la díada son cada vez más tenues y, para algunos, son categorías que convendría arrumbar. Sin embargo, en el plano sociológico y político parecen gozar todavía de buena salud. Así, para unos la cuestión está clara: “Los de derechas son capaces de hacer aquello que los de izquierdas se limitan a seguir debatiendo”. Para otros, y hasta hace poco, estábamos obligados a “elegir entre una izquierda que ofrecía justicia con tumulto y una derecha que ofrecía orden con iniquidad”.

En fin, para algunos hay dos derechas y dos izquierdas. La derecha y la izquierda moderadas consideran la historia como una continuidad, en la cual el género humano progresa desde lo intolerable a lo tolerable. La derecha y la izquierda utópicas y revolucionarias consideran la historia “como una alternativa de catástrofe y salvación, en la cual una nueva vuelta en el camino llevaría a la humanidad a un nuevo cielo y una nueva tierra”.

En todo caso, ya es sintomático que cuando se acercan procesos electorales la contraposición izquierda-derecha parece despertar del letargo. En Francia -en plena campaña electoral para las presidenciales- acaba de aparecer La droite et la gauche, qu’est-ce qui les distingue encore?. Jacques Julliard (vinculado al partido socialista) y Claude Imbert (simpatizante de Chirac), dos conocidos periodistas, han intentado responder a la cuestión. Bastantes meses antes, también coincidiendo con una campaña electoral, Norberto Bobbio publicaba en Italia este libro que Taurus acaba de editar en España, sobre la segunda edición italiana.

Bobbio se proclama de izquierdas. Pero su evolución personal tiende a la moderación típica de las posiciones de “centro” en el espectro político. Tan es así que, para demostrar “el final de la izquierda” o al menos el cambio sustancial de ese vocablo, Tortolano ha puesto como ejemplo el que Bobbio sea, precisamente, uno de sus teóricos. Ciertamente, el capítulo final del libro -destinado a hacer una profesión de fe en la izquierda- es tan moderado que cabría colocar sus aspiraciones tanto en la zona centro de la derecha como en el espacio del centro de la izquierda.

El planteamiento de Derecha e izquierda -así, al menos, lo repite varias veces el autor- es “puramente descriptivo, no valorativo”. Lo que Bobbio pretende no es dar la razón a la derecha o a la izquierda en el debate político; lo que intenta es explicar los motivos de la tenaz persistencia de la distinción, así como las claves que explican los términos de la díada. El punto de arranque es la consideración de los conceptos “derecha” e “izquierda” como simples lugares del “espacio político”; con una ubicación más topológica que ontológica. De ahí que no sean palabras que designen contenidos fijados de una vez para siempre.

¿Supone esto que, para Bobbio, “derecha e izquierda” son meras “cajas vacías que se puedan llenar con cualquier mercancía”? Para él, existe un criterio de identificación: las diversas actitudes frente al ideal de la igualdad. La “estrella polar” que guía el caminar de la izquierda es la tendencia hacia el “igualitarismo”; la derecha se muestra más dispuesta a aceptar las desigualdades naturales y a respetar las “sociales”, es decir, aquellas moldeadas por la costumbre, la tradición y la fuerza del pasado. Pero este criterio -que separa claramente de otros como “extremistas y moderados”; derecha “confesional”, izquierda “atea”; “tradición” y “emancipación”; “progresistas” y “conservadores”, etc.- no significa que la atribución a la izquierda de una mayor sensibilidad para disminuir las desigualdades signifique que pretenda eliminarlas todas, ni que la derecha las quiera conservar todas: significa “como mucho que la primera es más igualitaria y la segunda más desigualitaria”. Lo cual no quiere decir -para Bobbio- que “una mayor igualdad sea siempre un bien y que haya que preferir siempre una mayor desigualdad con respecto a otros valores como la libertad, el bienestar o la paz”. Incluso añade: “Si la igualdad puede ser interpretada negativamente como nivelación, la desigualdad se puede interpretar positivamente como reconocimiento de la irreductible singularidad de cada individuo”.

El libro se lee con interés, es de una moderación ejemplar (en la lucha continua entre estos dos ideales, “ninguno de los dos puede ser totalmente vencido sin daño común”) y parece confirmar la idea de que, tras el fracaso del comunismo, las antiguas querellas de sabor metafísico entre izquierda y derecha (forma del régimen de gobierno, la misma cuestión religiosa o la social) están siendo sustituidas poco a poco por cuestiones de calado más sociológico: ecología, costumbres, privatizaciones, subsidios de desempleo, etc.

Rafael Navarro-Valls

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