Cómo discutir con tu hijo adolescente

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Que un chico adolescente discuta con sus padres no tiene por qué ser, para estos, una mala señal. “Lo preocupante sería que [la discusión] nunca ocurriera”, señala el psicólogo Brad Sachs, citado por The Wall Street Journal. Según el experto, aquellos que menos replican “puede que no estén haciendo el duro trabajo que se necesita para forjar una identidad independiente”.

A esa edad surgen los conflictos con los padres, cuando los chicos se vuelven más independientes y empiezan a forjar su personalidad. Es el momento en que el desarrollo cerebral los vuelve más impulsivos y los lleva a buscar sensaciones, y cuando son más vulnerables a la presión de sus semejantes. El cambio puede tomar por sorpresa a los padres, pues el período inmediatamente anterior suele ser relativamente armonioso.

No obstante, según los especialistas, los adolescentes más dados a discutir suelen ser los más saludables, ya que están aprendiendo a gestionar los desacuerdos y esgrimir sus propios criterios, aptitudes que después necesitarán para manejarse exitosamente en las relaciones con los demás.

El psicólogo Carl Pickhardt señala que las discusiones también les dan a los padres información valiosa acerca de lo que está ocurriendo con sus hijos y sobre lo que estos consideran importante. “Lo que no querrás es un chico enigmático”, apunta.

Para conducir las relaciones en esta etapa, los expertos subrayan algunas estrategias. El psiquiatra Alan Kazdin, de la Universidad de Yale, aconseja a los padres que lleguen a arreglos con sus hijos respecto a cosas transitorias, como el maquillaje gótico, el tener ropa en el suelo, etc., pero que no transijan en otras que pueden ser permanentes, como los tatuajes. Según explica, cuando los padres son más rígidos, los chicos tienen más posibilidades de empecinarse más en sus posiciones contrarias.

Kazdin recomienda que los progenitores escuchen a sus hijos, eviten el sarcasmo y se abstengan de recordarles su comportamiento pasado. Lo que no deben admitir, en ningún caso, es que les falten al respeto: tienen que advertirles que si usan de malos modos, se acabó la conversación. Además, deben elogiarlos cuando se portan bien, lo cual suele ser más efectivo que castigarles por las faltas.

Por otra parte, aunque es tentador, gritar no es efectivo. Los chicos pueden sentirse amedrentados y es probable que no asimilen la lección que sus padres están intentando enseñarles.

En línea con lo anterior, una madre narra su experiencia con su hija de 11 años, quien se resiste a ordenar su habitación y demora la hora de la ducha por estar enganchada a Pokémon GO y a YouTube. La mayoría de sus discusiones giran en torno a esto.

En algún momento, la madre se dio cuenta de que alzar la voz no le había ayudado demasiado (“¿por qué tienes que gritar siempre?”, le increpaba la hija), y reparó en que la chica la escuchaba y no gritaba si ella le hablaba en voz baja y casi monótonamente. Aunque es poco probable una admisión expresa del error. “No esperes que te diga que tienes razón”, concluye.

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