La OCDE receta estudio para salir antes de la crisis

Contra la crisis, educación: es lo que ha venido a decir la OCDE al presentar su informe Education at a Glance / Regards sur l’éducation de este año. Estudiar es rentable, tanto para el individuo como para la sociedad: al cabo de los años, uno y otra recobran con creces lo que cuesta obtener un título, y tanto más cuanto más elevado sea este. En cambio, quedarse en el nivel de instrucción mínimo supone una penalización relativa considerable.

El mensaje de la OCDE toca una fibra sensible en los tiempos de recesión. El paro elevado es también una oportunidad, en cuanto estimula a los jóvenes a prolongar sus estudios ante la dificultad para encontrar empleo. Si ellos y las instituciones responden invirtiendo en los estudios, no dejarán de cosechar los frutos de sus esfuerzos. El acrecentado capital humano será un potente motor para la recuperación.

Tal es la lección que la OCDE extrae de los datos reunidos en el informe, con la salvedad de que los más recientes, de 2007, son anteriores a la crisis. Por eso aún no es posible saber, por ejemplo, si las diferencias salariales a favor de los graduados universitarios se han mantenido después.

Pero la inevitable demora de las estadísticas no es el único problema. Otro, propio de los informes anuales, es que hay poco nuevo que decir de una edición a la siguiente. El tema que de la última ha destacado este año la OCDE en el material distribuido a la prensa no es el “descubrimiento” de este año, sino simplemente uno, entre los 25 indicadores examinados en el informe, que sintoniza mejor con la actualidad. De hecho, el mensaje de este año habría podido proclamarse en ediciones anteriores, pues los datos apenas han variado (se puede comprobar, por ejemplo, en Aceprensa 26-09-2007: “El título universitario sigue siendo rentable”, sobre Education at a Glance 2007).

Cada vistazo (glance) anual a la educación es una instantánea que, como los fotogramas de una película, se distingue muy poco de los próximos precedentes o siguientes. Es más significativa una secuencia que permita apreciar el movimiento. El mismo informe lo facilita en algunos casos comparando los números más recientes con los de diez o doce años antes.

Dividendos del título superior

En cuanto a los ingresos por trabajo según el nivel de instrucción, los datos del último informe muestran que la titulación universitaria (educación terciaria de tipo A, en la clasificación internacional de la OCDE) es en todos los países la que permite ganar más, excepto en dos donde la más rentable es la formación profesional superior (educación terciaria de tipo B): Noruega y Holanda -en esta por muy poco y solo entre los hombres-.

Con la educación secundaria superior (no obligatoria) o equivalente como referencia, en el conjunto de la OCDE tener título universitario supone ganar alrededor de un 60% más, y no haber pasado de la enseñanza obligatoria supone ganar alrededor de un 20% menos. La mayor ventaja se observa en Brasil (país no miembro de la OCDE, sino asociado), en torno al 175%; siguen Irlanda y Corea, pero solo en el caso de las mujeres. En el extremo opuesto, por debajo del 50% más, aparecen los países nórdicos y los hombres coreanos; España está cerca de esa zona.

Al comparar estos datos con los de Education at a Glance 2002, no se encuentran contrastes significativos. La excepción noruega figuraba ya entonces. Los casos de variación más frecuentes indican una reducción de la ventaja, y los mayores son los experimentados por los hombres de Finlandia (del 100% al 75%) y los de España (del 70% a un poco menos del 50%).

Entre uno y otro sexo, no hay apenas diferencia en las medias de la OCDE. En los distintos países se dan todos los casos posibles: mayor ventaja para ellas que para ellos (Irlanda, Corea, Alemania, España…), menor (Brasil, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia…) o prácticamente igual (Canadá, Austria, Turquía, Nueva Zelanda…).

Pero visto el asunto de otro modo, resulta que el provecho que las mujeres sacan de los estudios es relativamente mayor. Siempre ganan menos y sufren más desempleo que los hombres de su mismo nivel educativo, pero cuanto más alto es su nivel, más se reduce la desventaja. Por ejemplo, en el conjunto de la OCDE las tasas de paro masculina y femenina en 2007 eran el 10,6% y el 13,6% en la población con solo estudios primarios, y el 3% y el 3,8% en los titulados universitarios.

Mayor beneficio para el individuo que para el Estado

La OCDE calcula también el rendimiento económico total del título superior. Descontando de los ingresos los costes directos e indirectos de la educación, los impuestos y las transferencias sociales, y sumando lo que se deja de perder por menor paro, resulta que un graduado universitario percibirá a lo largo de su vida laboral unos 82.000 dólares más que alguien con título de secundaria si es hombre, y unos 52.000 dólares más si es mujer. Pero no en todos los países las mujeres obtienen menor beneficio diferencial: en Australia, Dinamarca, Corea, Noruega, España y Turquía ocurre al revés.

En todo caso, es claramente mayor el beneficio para el individuo que para el Estado. Al hacer el cálculo de rendimientos para el erario público, los ingresos son los impuestos y las cotizaciones sociales, y los gastos son los directos e indirectos en educación. Así pues, el saldo para el Estado de un universitario en comparación con un titulado de secundaria es de 52.000 dólares por hombre y 27.300 dólares por mujer. Estos menores dividendos se deben principalmente a que el Estado pone mucho más (21.000 dólares por persona) en la educación de un universitario que el propio interesado (8.000 dólares).

Vistos desde un lado u otro, los beneficios de la educación terciaria tienden a aumentar, pues está subiendo el número de titulados superiores, concretamente un 4,5% anual de promedio en el conjunto de la OCDE entre 1998 y 2006. Las mayores tasas de crecimiento, del 7% anual o más, se han dado en Irlanda, Polonia, Portugal, España y Turquía. Así, las personas de 25-64 años que han pasado de la enseñanza obligatoria en la OCDE son mayoría absoluta: el 69% (42% con segundo ciclo de secundaria o formación profesional equivalente, más 27% con título superior), según datos de 2007. En España es la primera vez que ocurre, pero con una anomalía: es el único país donde hay más graduados superiores (29%) que del nivel intermedio (22%), lo que es síntoma del déficit de formación profesional.

La educación no obligatoria también se expande hacia abajo. La proporción de niños de 3-4 años escolarizados ha pasado del 40% en 1998 al 71% en 2007.

En términos absolutos, la población escolar en los niveles obligatorios, o sea primaria y secundaria, ha bajado ligeramente a consecuencia de la débil natalidad en muchos de los países miembros, de casi 192 millones en 1999 a 191,6 millones en 2007 en toda la OCDE. El descenso ha afectado solo a las escuelas privadas, de modo que estas han pasado del 13,5% al 12,8% del alumnado total (esto no viene en Education at a Glance, sino en la base de datos estadísticos de la OCDE).

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