“Óscar”: una lección de vida en el teatro

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Duración lectura: 5m. 48s.

“Óscar es un bicho que se te cuela dentro, por la puerta de atrás como te descuides”, dice Yolanda Ulloa, intérprete única de Óscar o la felicidad de existir. Esta obra de Éric-Emmanuel Schmitt se representa estos días en versión de Juan José de Arteche, en un espectáculo producido por UNIR Teatro y dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente.

Óscar es un niño de 10 años enfermo terminal de leucemia, pero sobre todo es la lanzadera, el camino, por el que Yolanda Ulloa nos lleva de la mano hasta “traspasar el velo inicial, la resistencia” y plantarnos ante dos grandes temas humanos: el amor y la muerte. “En toda obra artística, en toda gran pregunta sobre la naturaleza humana, deambulamos entre los temas del amor y la muerte. En esta obra están presentes de la mano de un niño, y creo que es un gran acierto de Schmitt”, explica la actriz, premio Mayte de interpretación teatral.

“Me parece maravilloso este recurso del autor: poner esta indagación sutil en manos y en boca de un niño, porque cuando estamos frente al misterio, todo lo que nos provoca este umbral al que podemos llegar de las formas más variadas, desde la alegría a la más honda de las tristezas, por pérdidas, por confrontaciones importantes, todos somos como niños, nos volvemos niños, perdemos horizontes, perdemos referencias, es nuestro momento de mayor fragilidad, de mayor vulnerabilidad. Y desde ahí, tenemos la oportunidad –y esto forma parte de nuestra experiencia vital– de empezar una andadura casi iniciática hasta lograr sobreponernos y hacernos con la situación que nos está tocando vivir”.

“¿No decía Dostoievski que la muerte de un niño impide creer en Dios? Sin embargo, Óscar escribe a Dios” (Éric-Emmanuel Schmitt)

Todo este proceso de transformación a través de Óscar –dice Yolanda Ulloa– “es un fiel reflejo de lo que nos pasa cuando nos encontramos en situaciones límite como la que plantea esta obra, en la que se cumple uno de los grandes propósitos del teatro: conmover profundamente, de una manera sostenida, porque hay un profundo sentido en todo lo que se cuenta, y esto nos hace vibrar de una forma especial. Lo siento yo como persona, lo siento como artista, y lo compruebo cada día en el patio de butacas”.

Una criatura entrañable

Óscar o la felicidad de existir, que se representa en la Sala Arapiles 16 (Madrid), de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), es un monólogo, “pero no un monólogo al uso: ‘monologan’ diversas personas y dialogan también entre ellas”. Está Óscar, “una criatura entrañable, a la que vas conociendo, se te va revelando paso a paso, y ves ese tránsito maravilloso que hace, y con qué valentía, con qué coraje, con qué entrega: es una lección de vida. Creo que refleja un impulso noble que todos llevamos dentro, una fuerza indómita que forma parte de nuestro recurso humano”. A su lado encuentras a Mami Rosa, una voluntaria peculiar –se hace pasar por campeona de lucha libre– dispuesta a explicarle a él, un niño sin referencias espirituales ni morales, el sentido de la vida y la utilidad de la religión para encontrarlo. “De alguna manera –dice la actriz– le va abriendo camino, marcando la pauta, ayudando a recuperar el sentido de lo que le pasa”.

“Mami Rosa es un homenaje a todas esas personas y todas esas situaciones –a veces, una situación extraordinaria, aunque pase inadvertida, nos cala hondo– que, en un proceso de crisis, aparece en nuestra vida para ayudarnos, darnos lo que necesitamos en cada momento. Es un gran homenaje a todas esas personas que físicamente y en la realidad están dedicadas al cuidado y al acompañamiento en nuestras múltiples necesidades”.

En situaciones límite como la que plantea esta obra, se cumple uno de los grandes propósitos del teatro: conmover profundamente

Además, están Peggy Blue –una niña con la enfermedad azul– de la que Óscar está enamorado; la China, así llamada porque lleva una peluca negra, brillante, con flequillo; Beicon, un niño con graves quemaduras; Palomitas, que pesa 98 kilos y tiene nueve años; los padres de Óscar y los de Peggy Blue, el doctor Düsseldorf y las enfermeras, “un enjambre de voces, de personajes, que, aunque sean solo un pequeño trazo, se te hacen muy simpáticos”. La obra se desarrolla en forma de epistolario, doce cartas que –por consejo de Mami Rosa– Óscar escribe a Dios, más una final de Mami Rosa.

Aceptar la enfermedad

“Como Óscar –explica Éric-Emmanuel Schmitt–, conocí la enfermedad mortal. A diferencia de Óscar, pudieron curarme. Sin embargo, cuando sané descubrí que curarse no era tan importante. Así nació el relato de Óscar y de Mami Rosa (1). Tal vez se pueda resumir en esta obsesión: por encima de la curación, hay que ser capaz de aceptar la enfermedad y la muerte. Tardé años en atreverme a escribir esta obra, siendo muy consciente de que tocaba no solo un punto sensible, sino también un tabú: el niño enfermo. ¿No decía Dostoievski que la muerte de un niño impide creer en Dios? Sin embargo, Óscar escribe a Dios. Sin embargo, Mami Rosa, en su última carta, no se indigna, sino que da las gracias a Dios por haberle permitido conocer y querer a Óscar.”

Juan Carlos Pérez de la Fuente, director de Óscar o la felicidad de existir, afirma que hay personajes como Óscar “que llegan a tu vida para quedarse. Pasan los años y aquí están. Con tu misma historia a cuestas, pero siempre renovada”. Una historia que es “un canto a la vida y al amor; un triple salto con pirueta que hemos podido realizar gracias al talento y la complicidad de una actriz en el mejor momento de su andadura artística: Yolanda Ulloa. Ella es quien te da vida, la verdadera maga de esta historia, en compañía de un equipo artístico excepcional. La apuesta decidida de UNIR, con Ignacio Amestoy y su sensibilidad para atrapar sueños teatrales, han hecho posible que tú estés más vivo que nunca”.

Y concluye con una postdata: “No te rindas, que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo (Mario Benedetti)”.

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(1) La versión original en forma de novela está publicada en España: Éric-Emmanuel Schmitt, Cartas a Dios. Óscar y la Dama Rosa, traducción de Zahara García González (Planeta, 2017; 122 págs.; t.o.: Oscar et la dame rose). Hay una versión cinematográfica, dirigida por el propio autor, que se estrenó en España con el título Cartas a Dios.

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