Sabemos qué estás leyendo

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Duración lectura: 2m. 37s.

La venta de libros digitales ha abierto nuevas expectativas al negocio editorial y también la posibilidad de conocer mejor a los lectores. Las aplicaciones de los dispositivos electrónicos necesarias para leer e-books están dejando una huella hasta ahora impensable: a través de ellos se sabe cuándo se comienza un libro, en qué capítulo se abandona o cuántas horas se tarda en acabarlo, y hasta qué páginas son las que más se releen y qué frases son las que más se subrayan.

Si la actividad de la lectura ha sido siempre tranquila y personal, en el ámbito digital este sencillo pasatiempo se ha convertido ya en una herramienta de marketing, y los datos de miles de lectores –que dejan su rastro vía Internet– se están utilizando para marcar pautas a autores y editoriales, ansiosos de conocer los gustos de sus seguidores y por supuesto de ofrecerles lo más adecuado.

Según un artículo de Alexandra Alter en The Wall Street Journal, grandes empresas como Google, Apple o Amazon recogen regularmente y con total facilidad los hábitos de los usuarios de tabletas o e-readers como iPad, Nook o Kindle Fire. Por ejemplo, saben en qué momento abren la aplicación para leer, qué leen y cuánto tiempo pasan ante la pantalla. Con esos análisis ya han determinado que por lo general los libros de no-ficción se leen a trompicones, mientras que las novelas se suelen leer de un tirón o con pocas interrupciones. Los géneros con más éxito entre los usuarios de e-books son los románticos, policíacos y de ciencia-ficción; en cambio, las obras de mayor valor literario se dejan sin concluir mucho más a menudo.

Jim Hilt, vicepresidente de la sección digital de la editorial Barnes & Noble –que en Estados Unidos concentra hasta el 30% del mercado de e-books a través de su dispositivo Nook–, apunta las grandes ventajas de este descubrimiento, que es un simple rastreo a través de un software informático: “Lo más interesante es averiguar en qué punto de algunos libros el lector da una cabezada y descubrir qué podemos hacer para que las editoriales lo eviten”.

Aunque todos los autores sueñan con saber exactamente la opinión de sus lectores, no todos están de acuerdo a sacrificar sus obras por aumentar las ventas. Para algunos, aplicar de ese modo las pautas del mercado puede suponer una amenaza a la creatividad. Pero la realidad es que los 40 millones de lectores de e-books, que en el primer trimestre de este año generaron unas ventas de 282 millones de dólares en Estados Unidos, ya tienen peso en el diseño de las novedades. Algunas editoriales utilizan los datos que se derivan de las aplicaciones de lectura para hacer tests de interés con sus próximas novedades y ahorrarse las que no funcionan. Otras han introducido juegos interactivos, con lo que es fácil saber qué personajes son más populares. Las más lanzadas ofrecen varios finales, para que el lector elija.