La tiranía del “bestseller”

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Verlyn Klinkenborg lamenta que las compañías editoriales estén obsesionadas con la busca del éxito comercial (International Herald Tribune, 28 enero 2003).

Klinkenborg comienza su artículo mencionando la decisión de Peter Olson, presidente del grupo editorial Random House, de despedir a Ann Godoff, directora de la división literaria. El motivo fue que Godoff no había alcanzado los elevados objetivos de beneficios que le habían marcado. Klinkenborg señala que este no es un caso aislado, sino muestra de una concepción del negocio editorial cada vez más extendida.

El sector de la edición, dice, está centrado en el éxito económico. La fuerte competencia tiene que ver con esto. Pero “el problema real es la estructura del negocio, que ha cambiado drásticamente en pocas décadas. Al igual que la industria musical y la cinematográfica, la edición está totalmente impulsada por la búsqueda de bestsellers y de los beneficios que reportan los bestsellers, lo que a su vez está impulsado en parte por la práctica de pagar cuantiosos anticipos a los autores de bestsellers. Las viejas ideas sobre la edición de libros -se suponía que daba ganancias modestas pero continuas, mediante el cultivo de un buen plantel de autores respetables y de un fondo editorial amplio- ahora parecen casi prehistóricas”.

Pero la estrategia actual no está siendo tan rentable. “Una tras otra, las editoriales han sido absorbidas por enormes grupos empresariales, cuyas expectativas de beneficio son impulsadas por la ilógica de Wall Street. Una y otra vez, los rendimientos, para las editoriales y los grandes grupos, han resultado no ser tan altos como se esperaba”.

Consecuencia de esta política editorial es que las editoriales dependen de los bestsellers. “Cada año se publican más títulos cuya vida comercial es más corta. Y en verdad, la mayoría de esos libros probablemente merecen tener vida corta. La rentabilidad del negocio depende cada vez más de los Grishams y Clancys. Pero incluso algunos de estos autores han experimentado drásticas caídas de ventas en esta temporada pasada. No se puede vender el mismo producto durante tanto tiempo”.

En fin, dice Klinkenborg, “mientras el objetivo principal sea satisfacer a los accionistas en vez de a los lectores, la industria editorial seguirá cavando su propia tumba”.

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