El Código Dan Brown

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Duración lectura: 3m. 56s.

Dan Brown ha escrito un alegato, a petición del tribunal que estudia la demanda por plagio contra “El Código Da Vinci”, en el que revela cómo escribe sus libros. Bryan Curtis (“Slate”, 22 marzo 2006) comenta con ironía el alegato de Brown.

La comparecencia del autor de “El Código Da Vinci” ante un tribunal de Londres no ha pasado inadvertida a la prensa inglesa. El escritor compareció hace unos días como testigo en el proceso -la demanda se dirige contra la editorial Random House- para hacer frente a las acusaciones de plagio que le imputan los autores del libro “Hooly Blood, Hooly Grail” (en español, “El enigma sagrado”).

La semana pasada, “The Times” y otros periódicos ingleses dieron a conocer un documento presentado en diciembre por Dan Brown ante ese mismo tribunal. El documento, de 69 páginas, es un alegato en el que el escritor norteamericano revela las claves de su obra.

El columnista Bryan Curtis, que ya ha leído el texto, no ha dudado en calificarlo como “el mejor thriller” de Dan Brown. “A primera vista, el documento presenta los rasgos típicos de una novela de Dan Brown. Está troceado en capítulos entrecortados; el lenguaje es forzado (‘Literalmente, me desperté una mañana y decidí escribir un thriller que hurgara en la Agencia Nacional de Seguridad’); y su héroe es un hombre corriente al que le acechan fuerzas malvadas que él no comprende”. Sin embargo, la lectura completa del texto revela cosas sorprendentes.

Sorprendente es, dice Curtis, la trayectoria literaria de Dan Brown. “Formado en Amherst y en la Academia Phillips Exeter, Brown tuvo un despertar literario poco común. No siguió el camino habitual: pulular por una librería, tropezarse con un Hemingway o un Flaubert, y decidir ahí mismo convertirse en un escritor”. Brown, por el contrario, tomó esa decisión tras leer un libro de Sidney Sheldon, “The Doomsday Conspiracy” (“La conspiración del Juicio Final”) durante unas vacaciones en Tahití. La lectura de ese libro supuso una convulsión profunda en el escritor. “La vida -explica Brown- parecía querer decirme algo”. “Empecé a sospechar que, quizá algún día, yo también podría escribir un thriller como ese”.

Brown hace un esfuerzo para saber qué es lo que hace que sus novelas triunfen. “Ha descubierto que hacen falta tres elementos esenciales: una especie de fuerza oculta, como una sociedad secreta o una agencia del gobierno; una ‘gran idea’ que contiene un fondo moral ‘gris’; y un tesoro. Los tesoros en las cuatro novelas de Dan Brown han sido un meteorito, la antimateria, un anillo de oro y el Santo Grial. Las fuerzas oscuras incluyen al Priorato de Sión, el Opus Dei y la Agencia Nacional de Seguridad. La gran idea, si entiendo correctamente lo que parece que está diciendo, sería algo como esto: ¿Es el Vaticano bueno… o malo?, ¿está con nosotros la Agencia de Seguridad Nacional… o contra nosotros?” La mezcla de los tres elementos da lugar a un cóctel explosivo.

Brown aclara también algunos secretos del proceso de creación que ha escogido para escribir sus obras. “Todas mis novelas están pensadas en 24 horas”. “Mi secreto preferido -escribe Curtis- es la idea de Brown sobre ‘el thriller como conferencia académica’. El truco consiste en crear tus propios expertos; en el mundo de Brown, serían los expertos en símbolos, los criptógrafos y compañía. Luego les pones al lado de algún experto en otra disciplina que suelta una lección magistral, en la que de paso queda claro todo lo que has tenido que investigar para hacer tu novela”.

Quienes sienten curiosidad por saber de dónde saca Brown los nombres de sus protagonistas, encontrarán pistas en el documento. Pero aquí la cosa es mucho más sencilla; nada de conspiraciones ni de fuerzas ocultas. Refiriéndose a Robert Langdon -el célebre protagonista de “El Código Da Vinci” y de “Ángeles y Demonios”- confiesa Brown: “Pensé que era un nombre fantástico. Suena muy parecido a New England y me encantan los apellidos con dos sílabas…”

Otro dato curioso del que se entera uno al leer el alegato de Brown es que su padre le escondía los regalos el día de Navidad, mientras el joven Dan tenía que buscarlos con un mapa del tesoro; o también que, en el colegio, quedó profundamente marcado por una descripción que hizo un profesor de la Piedad de Miguel Ángel. “Este documento -concluye Curtis- es el renacer de un novelista mediocre. Por primera vez en su vida, Dan Brown ha intentado hacer literatura”.