Las entrevistas a la gente corriente no siempre son la “opinión pública”

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Duración lectura: 3m. 10s.

Más de un tercio de las fuentes entrevistadas en los telediarios británicos acerca de las elecciones generales del próximo 8 de junio son personas comunes y corrientes, según un estudio efectuado por un equipo de la Universidad de Cardiff y analizado en The Conversation por el periodista Stephen Cushion.

“Aunque los políticos acapararon la mayoría de las apariciones, el 36,4% de las fuentes fueron miembros del público que expresaron sus puntos de vista sobre las elecciones”, explica el reportero. Darle voz a la gente, señala, es una antigua convención del periodismo televisivo para ofrecer un matiz de opinión pública. En tal sentido, la expresión de los consultados puede ser ilustrativa, pero no constituye una herramienta científica para medir los estados de opinión.

Cushion cita al respecto las líneas de trabajo de la BBC, según las cuales las entrevistas al público deben ser usadas para “una difusión de opiniones que reflejen, de manera equilibrada, las diferentes perspectivas de un debate, o, cuando sea apropiado, [para] presentar una adecuada y proporcionada reflexión de aquellos cuyas opiniones hemos preguntado”. 

Sin embargo, hasta ahora, durante la cobertura de la campaña, no se ha presentado de modo equilibrado la diversidad de opiniones entre el público. La persona del líder laborista Jeremy Corbyn, por ejemplo, ha sido a menudo el foco de atención, junto con las perspectivas electorales de su partido. Un ciudadano, consultado por el Canal 4, decía de modo pintoresco: “Todavía creo en el laborismo, pero no en el tonto de Corbyn”.

Dado que las entrevistas al público reflejan generalmente los criterios dominantes en las encuestas de opinión, uno puede argumentar que estas se utilizan para ilustrar los puntos de vista de la gente sobre los partidos y sus líderes. Pero sin datos sistemáticos de opinión pública existe el peligro de que las entrevistas terminen por reforzar las percepciones convencionales sobre el “sentir” público. Al hacerlo, la complejidad detrás de las opiniones políticas de la gente puede distorsionarse, como sucede en el caso de Corbyn y el Partido Laborista.

En efecto, el nivel de aceptación de Corbyn es de los peores entre los líderes del laborismo desde que se hacen encuestas. La estrategia de los conservadores de enfocarse en el liderazgo “fuerte y estable” de Theresa May y la reticencia laborista a exigir un debate televisivo entre los dos líderes agravan la debilidad electoral de Corbyn. Pero cuando se encuesta al público sobre las posturas políticas del laborismo, ese distanciamiento entre el jefe de la oposición y los votantes queda en entredicho. Según sondeos de ComRes, una clara mayoría de los consultados apoya la subida del salario mínimo y la renacionalización de los ferrocarriles y del servicio de correos, temas que van en el programa laborista.

En otras palabras: cuando los ciudadanos consideran las políticas laboristas suelen mostrarse más afines, mientras que cuando el foco se pone en el liderazgo y la personalidad de Corbyn, sus niveles de aceptación de desploman.

“En nuestro cada vez más presidencial sistema político –apunta Cushion–, el énfasis en los líderes de los partidos suele parecer una necesidad de quienes cubren los comicios. Pero el Reino Unido tiene un sistema parlamentario, con representantes electos y gobiernos que se forman a consecuencia de ello, por lo que tiene más sentido que los medios televisivos coloquen los programas políticos de los partidos por delante de las características de sus líderes. El cómo gobiernan los partidos y cuál es su agenda política es lo que, en última instancia, afecta la vida de la gente”.

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