Las democracias frágiles en América Latina

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Duración lectura: 3m. 39s.

Análisis
Madrid. Sin ahorrar críticas y con el afán de encontrar fórmulas para consolidar las libertades en América Latina, la Fundación Diálogos reunió a un grupo de expertos para analizar “las democracias frágiles en Iberoamérica”. En el simposio, realizado en mayo en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid, participaron políticos, historiadores y periodistas de América y Europa. El análisis de los participantes coincidió en que el fin del colonialismo y las dictaduras militares, la derrota del comunismo y sus movimientos subversivos, y la nueva carga de promesas de la globalización económica, no han sido suficientes para consolidar las democracias en América Latina.

La fragilidad actual de la democracia en el área bolivariana, es decir, en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, es mucho más preocupante que en los países del Cono Sur: Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay. En algunos de los países del área bolivariana no se descarta el revivir de las dictaduras militares o la perpetuación de gobiernos que han cerrado la posibilidad de participación a otras fuerzas políticas.

Enrique Ghersi, peruano, doctor en leyes, y Plinio Apuleyo Mendoza, escritor y periodista colombiano, aseguran que las crisis de los partidos han dejado sin representatividad a los políticos y, en consecuencia, se han debilitado los tres poderes en los que se apoya el sistema democrático. Los partidos han quedado reducidos a maquinarias que se “aceitan” para los períodos electorales y luego desaparecen. La debilidad de los partidos se transmite a los Parlamentos y en los últimos años se han podido sostener con excesivas prácticas clientelistas. Mendoza advierte que por esta razón “el continente no está a salvo de regresiones históricas. Esta no es la manera de consolidar una democracia. El populismo, el clientelismo, el despilfarro de recursos, la exclusión… en una palabra: la corrupción, es uno de los peores enemigos de cualquier proceso democrático”.

Los vicios de la política corrupta han desvirtuado los fines de muchas organizaciones sociales. Así, algunos políticos han creado sus feudos electorales, la llamada “clientela” o “votos amarrados”, a cambio de favores políticos que van desde proporcionar un trabajo en el sector oficial hasta la adjudicación de millonarios contratos para obras públicas.

La crisis de los partidos ha sido proporcional a la corrupción de sus máximos dirigentes y a la debilidad de sus instituciones democráticas. En la mayoría de los países latinoamericanos, asegura el escritor Mendoza, la clase política es impopular y “los Parlamentos carecen de aceptación entre la gente por ser ineficientes”. En Perú, por ejemplo, cuando Alberto Fujimori disolvió el Congreso, en 1992, el pueblo no protestó, y el Congreso actual es un “apéndice” del gobierno. Actualmente, en Perú, explica Enrique Ghersi, “el principal productor de la legislación no es el Congreso sino el poder Ejecutivo”.

La corrupción administrativa también ha debilitado las economías. Según Ghersi, los legisladores “tienen la tradición de utilizar la ley como un instrumento para redistribuir riqueza y no para facilitar su creación. Así, el derecho es concebido como un mecanismo que permite repartir un stock fijo de riqueza entre los diferentes grupos de interés que así lo demandan”.

Según el jurista peruano, “los latinoamericanos saben bien que pueden conseguir mucho más de un buen arreglo con el gobierno que de su propio trabajo. Todo esto altera los medios y los fines. En nuestros países se compite por el beneficio y privilegio del Estado, no por el beneficio ni el privilegio de los consumidores”.

El problema de la deuda externa y de los gastos fiscales conforman otro capítulo de los problemas económicos en el Continente. Hoy algunas naciones tienen un relativo control de los pagos de la deuda, intentan reducir el gasto público con grandes esfuerzos, pero sacrifican la inversión social y la generación de nuevos empleos.

Petra Mateos, especialista en asuntos económicos hispanoamericanos, destacó como una de las variables más significativas de la zona la composición de su pirámide demográfica: una región muy joven, donde tan sólo el 7% de la población supera los 60 años.

César Mauricio Velásquez

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