La secularización empobrece la cultura

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El diario italiano Il Sole 24 Ore publicó el 19-X-97, en su suplemento cultural, el discurso que Aleksandr Solzhenitsyn pronunció en la Academia de las Ciencias de Rusia, tras un año de silencio. Reproducimos algunos párrafos.

La causa más radical de la actual decadencia de la cultura procede de que ha sido desvitalizada por su secularización. Desde hace varios siglos, de las mentes de la humanidad instruida se ha ido apoderando el “antropocentrismo”, o más simplemente el humanismo, que en el siglo XX ha desembocado en un humanismo prácticamente totalitario. Pero un antropocentrismo seguro de sí mismo no puede dar respuestas a muchas preguntas sustanciales de la vida y es más impotente cuanto más profundas son las preguntas. De modo cada vez más destructivo se quita la componente espiritual del sistema de representaciones y motivaciones del hombre. Así se ha distorsionado toda la jerarquía de valores, deformado la comprensión de la sustancia del hombre y de los fines de su vida. Al mismo tiempo, el propio hombre se ha separado siempre más del ritmo, de la respiración de la naturaleza, del universo.

Blaise Pascal preveía este peligro. Nos amonestaba: “La esencia última de las cosas sólo es accesible al sentimiento religioso”. Tres siglos después, este juicio tiene para nosotros un peso todavía mayor. ¡Cuántas veces nos hemos podido convencer de que la esencia de todos los procesos históricos no está en la superficie visible, sino en la profundidad del espíritu! También así es en la crisis de la visión del mundo en la humanidad de hoy y en el caos ético. Y así también la cultura no se abrirá de nuevo a nosotros en sus profundidades inalteradas hasta que no se haga renacer el terreno moral. (…)

Todo lo que el actual éter llena de un ruido inútil y de muecas, y todas esas figuras infladas que se empantanan en las pantallas de la televisión, todas pasarán como si no hubieran existido, se perderán en la Historia como polvo olvidado.

Pero la existencia o el fin de la nación dependerá de los que en estos tiempos oscuros, trabajando intensamente o ayudando materialmente a los que hacen ese trabajo, sabrán salvar de la destrucción, levantar, reforzar y desarrollar nuestra vida interior, del pensamiento y del alma. Eso que es también la cultura.

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