¿Hay culturas más elevadas que otras?

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Duración lectura: 2m. 52s.

En una conferencia publicada en Documenti di Lavoro della Fondazione RUI (junio 1995), Maria Adelaide Raschini, profesora de filosofía en la Universidad de Génova, reflexiona sobre si puede decirse que unas culturas son superiores a otras.

El primer tema que hay que considerar en la relación entre culturas concierne al llamado multiculturalismo.

(…) Ante todo, los partidarios del multiculturalismo dan un significado reductivo al término cultura, asociándola a toda manifestación con la que la especie humana se expresa o se comporta. Los partidarios del multiculturalismo sostienen el pluralismo -pluralismo es distinto de pluralidad- y la igualdad de las culturas.

¿Cómo justifican esta tesis? (…) Los multiculturalistas mantienen que las múltiples formas históricas de cultura deben ser valoradas de modo paritario. Pero de esta valoración igualitaria se sigue la nivelación de todas las culturas a su forma más elemental. La primera consecuencia es que, aunque una cultura haya alcanzado cumbres elevadísimas, esta no es una razón que la haga eminente. (…)

Se trata, en el fondo, de la consecuencia sociológica de una antropología meramente naturalista, del retorno a una concepción positivista del hombre. (…) Si el hombre es un sujeto confinado en los límites de la sensibilidad, constreñido en los límites de un naturalismo en el cual está totalmente sumergido; si, en cuanto naturaleza humana, el hombre no se eleva por encima de la naturaleza tout court con ninguna de las dimensiones propias de la humanidad, entonces todo lo que el hombre produzca es sólo un producto de su receptividad sensible, el resultado de estar en relación obligada con un ambiente natural.

Por lo tanto, así como los animales que viven en climas y ambientes distintos tienen manifestaciones adecuadas a su ambiente, sin que por esto a nadie se le ocurra establecer una clasificación de méritos entre el perro africano o el de Alaska, entre el escorpión del Sahara y el del Mato Grosso, análogamente sucede con el hombre: el hombre presenta manifestaciones culturales distintas, pero todas se explican por el hecho de que los hombres, como el perro o el escorpión, al vivir en ambientes diversos, expresan con su comportamiento su reacción y su adaptación a aquel ambiente, hacen lo que el instinto de supervivencia les impone, se comportan ingeniándoselas, como hace el animal, en medio de la situación en que le ha tocado vivir. Hasta tal punto que, así como no se puede hablar de diferencias cualitativas entre las varias culturas, se debe hablar, en cambio, de una cultura de los monos más bien que de los castores, de las hormigas o de las abejas.

En este culturalismo naturalista, se confiere a la palabra cultura un significado innatural desde el momento en que la cultura es, por el contrario, manifestación peculiar de la naturaleza humana: es expresión de la libertad que la naturaleza no conoce. (…) La humanitas tiene el poder de romper el cerco de la naturaleza, el horizonte naturalista, al transformar el tiempo del reloj, marcado por la rotación de los astros, en tiempo de la libertad y de la creatividad.

El multiculturalismo, pues, mientras se jacta de tratar a todas las culturas en un plano de igualdad, se inscribe en una forma de naturalismo, el más cerrado, en cuanto que cancela la excelencia de la naturaleza humana sobre la naturaleza tout court.

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