El arte se vuelve light para olvidar la crisis

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Duración lectura: 3m. 14s.

Un reportaje de Joshua Levine para Newsweek (4-05-2009) retrata a un arte que procura, como la economía, reducir el riesgo lo más posible: “Lo experimental y lo deprimente están out; lo conocido y lo estimulante están in. ‘Un perro muerde a un hombre’ es el orden artístico del día”.

Con los tiempos que corren, no es cuestión de tener que explicar las razones por las que alguien debe comprar un billete, como declara a Newsweek el productor David Foster.

Ejemplo de esta tendencia es lo que ha sucedido con Advance Party, un proyecto que involucra a productoras cinematográficas de Escocia, Dinamarca e Irlanda. El minimalismo de este concepto, asociado al cine oscuro y desasosegado de Lars von Trier, resulta especialmente propicio para ajustarse a la crisis: ningún presupuesto debe estar por encima del millón y medio de dólares, ningún guión debe exceder las 88 páginas o incluir más de ocho personajes, y todas las películas deben rodarse dentro de un radio de 13 kilómetros. Pero ahora Advance Party ha incorporado un mandamiento bien alejado de lo que había sido su modus característico: “las historias deben hacer reír y llorar a la audiencia, y han de tener un final capaz de subirle el ánimo”.

Apostar sobre seguro

En Estados Unidos, donde las artes dependen sobre todo del aporte privado y corporativo, la volatilidad de los recursos parece especialmente preocupante. Un aspecto que podría afectar a espectáculos de gran presupuesto como la ópera, que también prefiere ir sobre seguro: recientemente la Metropolitan Opera House de Nueva York ha descartado cuatro producciones nuevas, entre las que se incluían títulos de Shostakovich o de John Corigliano, y ha preferido confiarse a títulos como Carmen o Tosca. En Broadway, por su parte, han vuelto los llenos totales con montajes como Billy Elliot, basado en la película de Stephen Daldry, o una reposición de la clásica West Side Story.

En Europa en cambio hay más margen para la aventura, si se considera que algunos de los mayores teatros y orquestas cuentan con subsidio público. Así por ejemplo la emblemática Filarmónica de Berlín, para la que la taquilla representa sólo el 60% de su presupuesto.

No diga su chiste: escríbalo

Según el reportaje de Newsweek, los profesionales del humor están recibiendo ofertas de la industria editorial para poner sus chistes por escrito. E incluso sus vidas: las listas de más vendidos en Gran Bretaña registran últimamente autobiografías de comediantes tan populares como Dawn French o Paul O´Gredy.

Las historias de crímenes son otra apuesta segura en estos tiempos, que según el director del grupo Random House prometen una segunda edad de oro del género negro, al modo de lo que sucedió en la década del 30. La heredera de Dashiell Hammet y de Agatha Christie para esta crisis parece ser Donna Leon, autora de La otra cara de la verdad y madre literaria del comisario Guido Brunetti, un policía veneciano de la misma estirpe que el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán.

Música capaz de entenderme

En medio de este panorama, el artículo de Levine examina la aparente paradoja de las dificultades por las que atraviesa la música pop. Para Mike Tierney, un experto en programación de varias discográficas y estaciones de radio neoyorquinas, el fenómeno es explicable: “En tiempos duros, el público gravita alrededor de la música que apele a su propia experiencia. El grunge surgió de un puñado de jóvenes blancos marginados durante la crisis de los años 90. Este era todo el secreto de su popularidad: la vida apesta, pero Kurt Cobain me entiende”.

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