Los costes sociales de las adicciones

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

La libertad personal de desarrollar una adicción tiene, a la hora de sacar cuentas, unos costes sociales, y sus repercusiones van más allá de lo estrictamente económico, según lo comprueba un estudio publicado por el Observatorio Francés de Drogas y Toxicomanías (OFDT).

La investigación, citada por Le Monde, registra datos epidemiológicos y de salud correspondientes a 2010, y divide los costos sociales de las adicciones entre costos externos (el valor de las vidas humanas perdidas, la pérdida de calidad de vida y las pérdidas de producción) y consecuencias para las finanzas públicas (los gastos en atención, prevención, represión, esto último en el caso de las drogas ilegales, y lo que representan los impuestos a estas sustancias en comparación con los gastos destinados a paliar sus consecuencias).

Según la investigación, llevada a cabo por el economista Pierre Kopp, los costos sociales relacionados con las adicciones son de 120.000 millones de euros por el tabaquismo, casi idéntica cifra por el alcohol, y 8.700 millones por las drogas ilegales.

A pesar de la Ley Evin de 1991, enfilada a frenar el tabaquismo y el alcoholismo, y de las disposiciones que siguieron, Francia aún tiene 13,4 millones de fumadores diarios y 3,8 millones de personas “en riesgo” de alcoholismo. Kopp, partidario de medidas radicales como la duplicación del precio del tabaco, apunta que en 2010 hubo, como costo externo de las adicciones, 49.000 muertes relacionadas con el alcohol, 79.000 relacionadas con el tabaco y 1.600 con las drogas ilícitas.

El costo externo del alcohol, añade la investigación, es un 11% mayor que el del tabaco, si bien el número de muertes por tabaco sobrepasa a las del alcohol. La aparente contradicción se explica en que la edad promedio de decesos por causas vinculadas al consumo de alcohol, entre las que pesa mucho la accidentalidad, es de 63 años, frente a los 71 años de los adictos al tabaco. Y el valor de un año de vida perdido se calcula en 115.000 euros.

En cuanto a lo que significan las adicciones para las finanzas públicas, se estima que sustraen un 1,1% del PIB. Cada año, el Estado debe dedicar 4.900 millones de euros a lidiar con las consecuencias del alcohol, 14.000 millones con las del tabaquismo, y 2.400 millones con las del uso de drogas ilícitas.

Respecto a las posibles ventajas que se pueden derivar de que se legalice la venta y el consumo de una droga, el académico de La Sorbona señala que lo que el país recauda por concepto de impuestos sobre las bebidas alcohólicas es apenas un 37% del costo de atención a los pacientes de enfermedades originadas por el alcohol.

Una vista rápida a las cifras expuestas por el estudio de Kopp revela que los costos asociados a las drogas ilícitas son menores, pero justamente por eso: por ser ilícitas. Aunque el escenario podría modificarse en caso de legalización de una de las más light, por ejemplo, la marihuana.

En conversación con MercatorNet, el psiquiatra Ed Gogek, de Arizona, autor del libro Marijuana Debunked, apunta que si el alcohol ocasiona más daño a los adolescentes que cualquier otra droga no es porque sea peor, sino porque es legal y de amplio uso. Así, “¿por qué habríamos de complicar el problema, legalizando otra droga adictiva?”

“El alcohol es legal porque estaba profundamente insertado en la sociedad desde mucho antes que reconociéramos cuán dañino es. Si se hubiera inventado hoy, lo prohibiríamos como hemos prohibido la mefedrona, el spice (marihuana sintética) y cada nueva droga que los acompañe”.

El Dr. Gogek cita además un sondeo realizado por Monitoring the Future a chicos de décimo grado, quienes en un 80% dijeron que podían consumir alcohol, que es totalmente legal; un 70% afirmó que podían consumir marihuana, que es casi legal, y apenas un 10% dijo acceder a la heroína, que es estrictamente ilegal. ¿Conclusión? “Cada vez que debilitamos nuestras leyes sobre la marihuana, hacemos más accesible la droga, y se incrementa su uso por parte de los adolescentes”, agrega.

En cuanto a los efectos del consumo, el Dr. Gogek se explaya en sus efectos sobre el funcionamiento del cerebro, con cambios estructurales relacionados con una menor habilidad para pensar y planificar, más impulsividad, pobre atención y peor memoria. Mucho de este daño es permanente. En sintonía con estas consecuencias, se advierten las que enumera una investigación de la Universidad de Maryland, según la cual el abuso de narcóticos, “especialmente de la marihuana”, está en relación directa con la ausencia voluntaria del estudiante a sus clases, su menor dedicación al estudio, notas inferiores a las del resto, la mayor posibilidad de abandono escolar, y el permanecer en el paro una vez graduado.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares