Las tabaqueras esperan la legalización de la marihuana

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Duración lectura: 3m. 48s.

Kevin Sabet ha sido declarado por la revista Rolling Stone como “el enemigo número uno” de los que quieren legalizar la marihuana en Estados Unidos. Este joven profesor de psiquiatría dirige el Instituto de Política sobre Droga de la Universidad de Florida, y ha asesorado a distintos gobiernos sobre el tema, entre ellos al de Obama. Es también co-fundador del proyecto SAM (Smart Approaches to Marijuana), que defiende un punto medio entre la actual política basada en un enfoque policial (poco efectivo y muy caro, según Sabet) y la legalización del consumo y la venta.

En una entrevista para MercatorNet, Sabet explica por qué legalizar la marihuana tendría efectos negativos para Estados Unidos.

Los activistas a favor de la legalización dibujan, según Sabet, un escenario idílico (e ingenuo), en el que el producto se compra y se vende en pequeños establecimientos, casi familiares, perfectamente supervisados por el gobierno; el consumo no aumenta porque también el marketing está regulado, y el mercado negro ve reducidos sus ingresos y su capacidad de distribución.

Sin embargo, Sabet cree que el negocio de la marihuana seguirá el modelo del tabaco: unas pocas compañías, opacas en cuanto a sus procedimientos, pero con grandes beneficios y por tanto gran capacidad de “negociación” con el gobierno. De hecho, considera que serán estas mismas empresas las que monopolicen el nuevo mercado, algo para lo que ya se están preparando: “De acuerdo con documentos internos de las grandes tabacaleras, requeridos por el gobierno durante una investigación (y recogidos en un informe de Rachel Ann Barry), esas empresas se están preparando para lo que consideran una oportunidad de oro”. “No es casualidad que Altria, la compañía de la que forma parte Phillip Morris, haya comprado recientemente los dominios web “AltriaMarijuana.com” y “AltriaCannabis.com”.

Las grandes tabacaleras gozan de una posición ventajosa para dominar el mercado de la marihuana si hay una legalización general: como comenta Leonid Bershidsky en Newsday, estas empresas ya tienen el sistema de distribución, las herramientas de marketing, las máquinas parra fabricar cigarrillos, e incluso prototipos patentados de vaporizadores de calor (según algunas previsiones, estos modelos reemplazarán a los actuales, ya que utilizan tabaco real –no un producto líquido– pero producen muy poco humo).

Crear adictos

Al igual que con el tabaco, su estrategia está muy clara: “como la gran mayoría de beneficios los producen los adictos, y no los consumidores ocasionales, el marketing irá claramente dirigido a enganchar a los chicos y chicas a una edad lo más temprana posible”, pronostica Sabet. Un ejemplo de esta táctica son los productos comestibles que contienen cannabis, cada vez más fáciles de conseguir, y frecuentemente empaquetados con colores vistosos que los hacen atractivos para los jóvenes.

Ante la pregunta de si la legalización de la marihuana limitará el mercado negro, Sabet es tajante: “el mercado negro aparece incluso cuando intentamos diseñar los mejores modelos para evitarlo”. “Lo que ocurrirá con el cannabis no es comparable al alcohol: este solo estuvo prohibido durante unos años, por lo que nunca llegó a haber una estructura clandestina sólida; en el caso de la marihuana, sí la hay”.

Además, la promoción multimillonaria que harán las tabacaleras tendrá el efecto colateral de normalizar el cannabis; esto aumentará el número de adictos, que recurrirán al contrabando ilegal. “Prefiero que un 8% de los americanos consuma marihuana, aunque la adquieran en el mercado negro, a que lo haga el 55%, por mucho que la mitad la compre a Phillip Morris”. De todas formas, habrá tráfico clandestino, como ocurre actualmente en Colorado (uno de los cuatro estados que han aprobado el uso recreativo).

Por otro lado, Sabet también considera falsa la idea de que al legalizar esta droga se podrán recaudar impuestos, y así reinvertir ese dinero en programas de educación. “Por cada dólar recaudado se gastarán 10 en tratamientos y ayudas sociales a adictos”.

La estrategia del lobby a favor de la legalización pasa, según Sabet, por inculcar la idea de que esta es inevitable: “si la gente se lo cree, se resigna a aceptarlo”. Sin embargo, “a pesar de que la popularidad de esta causa ha subido fuertemente entre 1990 y 2010, puede volver a bajar. Ya pasó algo parecido durante la década de los 70 y 80, después de que el apoyo hubiera crecido durante los veinte años previos”.