El Observatorio

Serena Williams no es una víctima

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El estallido de rabia e insultos de Serena Williams contra el árbitro en la final del US Open ha dado lugar a comentarios que presentan a la tenista como una víctima del racismo o del sexismo. Si hubiera sido un tenista que insultaba a una mujer árbitro, calificándola de “mentirosa” y “ladrona”, nadie le habría librado de ser tachado de machista. Pero la propia Serena Williams se cubrió con el manto feminista al decir al árbitro: “¡Es porque soy una mujer y lo sabes! ¡Si fuera un hombre no me harías eso!”. Patrick West, columnista de Spiked, comenta dónde está aquí el doble rasero.

West considera una falsedad el pronunciamiento de la National Organization for Women, de EE.UU., que acusó al árbitro de ser “descaradamente racista y sexista”. Igualmente le parece fuera de lugar la postura de la extenista Billie Jean King, que excusó así a Williams: “Cuando una mujer es emotiva se le califica de ‘histérica’ y se le penaliza. Cuando un hombre hace lo mismo, es ‘franco’ y no hay consecuencias”.

La realidad, recuerda West, es que en este US Open, de 33 sanciones a los tenistas, 23 han sido contra los hombres. Cuando el árbitro Carlos Ramos sancionó a Williams por comunicación ilegal con el entrenador y por romper su raqueta estaba aplicando las reglas del juego. En cambio, “Williams se amparó en la raza y el sexo para justificar su mal genio. Esto es lo que quería decir Samuel Johnson cuando afirmaba que ‘el patriotismo es el último refugio de los sinvergüenzas’: disfrazar una conducta egoísta como algo noble.”

La mala conducta en el campo de juego debe ser penalizada, tanto si se trata de hombres como de mujeres, de cualquier raza. “Pero no recuerdo, dice el articulista, que McEnroe o Eric Cantona utilizaran la carta del ‘es porque soy un hombre irlandés o francés’”.

“Pero vivimos en unos tiempos obsesionados con la raza y el sexo, una época de victimismo y desprecios imaginarios, así que no es extraño que el berrinche de Williams sea interpretado en el marco de un discurso más atractivo y convincente. Los progresistas de izquierdas están tan hipnotizados con el género y la raza que no llegan a ver lo que aquí debería desconcertarles: el espectáculo de una multimillonaria usando y abusando de su posición de poder ante una audiencia mundial para intimidar, amenazar y acosar a alguien de menor posición social. Esta es la auténtica vergüenza de este incidente. Una verdadera lucha de clases de arriba abajo”.

“La gente habla de modo ligero y mordaz del ‘privilegio blanco’ o del ‘privilegio masculino’ como si la pigmentación de la piel o los cromosomas de la gente les dieran ya una ventaja, pero pasan por alto los privilegios de clase y las desventajas de clase”.


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