El Observatorio

Los evangelizadores de ayer son hoy los evangelizados

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La flecha de la evangelización, que durante siglos apuntó de norte a sur, está cambiando de sentido. En 2015, según The Economist, el número de misioneros de sitios como África que llegaron a Rusia, EE.UU. o Brasil se incrementó un 50% desde 2010.

El World Christian Database, fuente de la información, sigue colocando en el primer puesto, en cuanto a país emisor, a EE.UU., con 121.000 misioneros, la mitad de ellos, mormones. Pero el número de ellos, así como el de europeos, está decayendo. En contraste, el de los procedentes de Asia, Latinoamérica y otros continentes pobres está incrementándose gradualmente. Solo los africanos eran, en 2015, unos 27.400.

La variación es un reflejo de cuánto se ha ido arraigando o desarraigando la fe en las distintas regiones del planeta. Si en 1910 dos tercios de los cristianos vivían en Europa y un cuarto en las Américas, un siglo después el 37% habita el continente americano, y el 24%, al sur del Sahara, algo notable por cuanto en esa extensa área africana solo había un 1,4% de seguidores de Cristo a inicios del siglo XX.

Según la publicación británica, los nuevos misioneros ponen especial interés en aprender de las personas con las que trabajan, más que en solo invitarlas a la conversión. Así, los mormones procedentes de Ecuador, Colombia y Madagascar que han llegado al Reino Unido dedican tiempo, por ejemplo, a hacer voluntariado en los comedores populares.

“La labor misionera no es fácil”, dice Andrianirira Rakotondravao, un joven mormón malgache que pasó dos años en Gran Bretaña. Una vez detuvo a un transeúnte por la calle y comenzó a hablarle de Jesús, y el hombre le gritó: “¿Qué dirías si yo tratara de convertirte al ateísmo”. También un sacerdote católico tanzano, Stephen Msele, cuenta haber encontrado una acogida bastante fría en Europa.

Otra dificultad con la que se topan la de obtener un visado. “Funcionarios escépticos –dice The Economist– a veces sospechan que lo que van buscando es, en vez de la vida eterna de otros, una mejor vida para ellos”. Si los misioneros católicos, señala, lo tienen más fácil por pertenecer a una institución de grandes dimensiones como es la Iglesia de Roma, los de cultos menos conocidos enfrentan más obstáculos, especialmente desde que la retórica antiinmigratoria ha cobrado fuerza en EE.UU. y Europa.

No obstante, “los nuevos misioneros seguirán llegando. Los primeros evangelizadores se enfrentaron a mares tormentosos y al riesgo de ser arrojados a los leones, y sus herederos modernos no serán disuadidos por unos pocos ateos toscos o por las largas esperas por el visado”.


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