El Observatorio

La misericordia del Papa no es relativismo

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La actitud acogedora del Papa Francisco, deseoso de reintegrar al alejado, es uno de sus rasgos que más atraen. Pero su idea de la misericordia divina no siempre es bien comprendida y hay quien la confunde con un relativismo blando que todo lo aprueba. Una visión que está en las antípodas de lo que el Papa vive y predica, advierte Robert Barron, obispo auxiliar de la archidiócesis de Los Ángeles.

“Para muchos, el mensaje de la misericordia divina equivale a negar la realidad del pecado, como si este no importara. En realidad, es justo lo contrario. Hablar de misericordia es ser consciente del pecado y de su peculiar forma de destrucción. O por decirlo con una de las metáforas favoritas del Papa: es ser plenamente consciente de que uno está tan herido que necesita no una cura pequeña, sino una atención radical y de emergencia en un hospital de campaña”, escribe Barron en Real Clear Religion.

Tampoco se entiende bien, a juicio de Barron, cuando el Papa habla de llevar la compasión a las periferias. “Se refiere, desde luego, a las personas desfavorecidas desde un punto de vista económico y político. Pero también a las que viven separadas de la vida divina, a los que son espiritualmente pobres. Y al igual que se acerca a los marginados en el plano material para llevarlos al centro, tiende la mano a los que están en las periferias existenciales para llevarlos a un lugar mejor”.

El Papa no considera igualmente válidas todas las opciones. Por eso, invita a la gente a la conversión. Aquí Barron recuerda unas palabras del cardenal Francis George: “Todos son bienvenidos a la Iglesia. Pero no en los términos que a cada cual le plazca, sino en los de Cristo”.

Francisco insiste con frecuencia en que el amor incondicional de Dios no excluye a nadie. A esta idea parece apuntar su famosa frase “¿quién soy yo para juzgar?”, con la que respondió a un periodista en el vuelo de regreso de Río de Janeiro. A muchos, dice Barron, les gusta interpretar esa frase como una aprobación de las prácticas homosexuales. En lo que no reparan es que “el Papa estaba respondiendo sobre el hipotético caso de un sacerdote con tendencias homosexuales, que hubiera caído en el pasado y que ahora estuviera intentando llevar por todos los medios una vida acorde con la ley moral; en una palabra, un pecador que hubiera sido mirado con el rostro de la misericordia”.


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