Hay novelas sobre el acoso escolar que buscan explicar el fenómeno, denunciarlo o mostrar sus consecuencias. Lobo, de Saša Stanišić, decide situarse en un lugar distinto: el de quien observa. No el acosador ni la víctima, sino el espectador que presencia la injusticia y permanece inmóvil.
El protagonista llega a un campamento de verano sin ninguna ilusión. Preferiría quedarse en casa leyendo o analizando los movimientos de la bolsa antes que convivir con unos compañeros de clase a los que ya conoce demasiado bien. Solitario, desconfiado y profundamente escéptico, está convencido de que el mundo funciona como una manada en la que no hay espacio para quienes prefieren mantenerse al margen. Cuando le asignan habitación con Jörg, un chico pecul…
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