La novela arranca con la desaparición de Blanca Cuervo, una adolescente que vive en un barrio marginal de una ciudad costera. La autora dibuja con gran fuerza evocadora el entorno de la protagonista: “Su día a día eran calles siempre en cuesta, ropa colgada en tendederos de fachadas demasiado viejas y sucias”. Más adelante, la descripción adquiere una dimensión simbólica: “Era un reino roto, aquel. Recorrido por las mismas grietas presentes en todos sus edificios, por parques que hacía mucho tiempo que no tenían césped”. Ese escenario degradado es una de las claves que pone en su contexto las decisiones de Blanca y el horizonte vital tan limitado que percibe a su alrededor.
La investigación de su desaparición corre a cargo del inspector Sa…
Contenido para suscriptores
Suscríbete a Aceprensa o inicia sesión para continuar leyendo el artículo.