En un encuentro inédito, quizá impensable un tiempo atrás, León XIV presidió una lección práctica de diálogo social en el Movistar Arena de Madrid el domingo 7 de junio, reuniendo a destacados actores de la sociedad civil. El Papa pidió a todos “ser hilos nuevos para tejer redes nuevas”, y así dar armonía a la sociedad, a la vez que renovaba la histórica llamada de su predecesor San Juan Pablo II: “¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!”.
El encuentro, llamado “Tejer redes”, fue en sí mismo una lección de diálogo. También por la sintonía de fondo de todos los discursos, que coincidieron con el del Papa en subrayar la primacía del respeto a la dignidad de la persona. Entre los 12.000 asistentes, figuraban varios ministros del gobierno, la presidenta de la Comunidad de Madrid, políticos de diferente signo, sindicalistas, deportistas, empresarios, miembros de la sociedad civil. Hasta Diego Pablo Simeone, entrenador del Atlético de Madrid, además de algunas celebridades como Tamara Falcó o Mario Vaquerizo, entre otros.
La entrada del Santo Padre en el recinto fue seguida de un aplauso atronador. En la pantalla gigante se apreciaba la emoción en el rostro del Pontífice. Al comenzar, León XIV se planteó una cuestión universal: “¿Qué herencia estamos dejando al futuro y por ende, qué tipo de comunidad estamos construyendo?”. Añadía: “Nuestra sociedad posee una extraordinaria capacidad para producir, innovar y comunicar; sin embargo, parece que todavía necesitamos aprender a custodiar el alma de aquello que esta genera. De lo contrario, corremos el riesgo de ser expertos en los medios y eficaces para producir, pero inciertos acerca del porqué, para qué, con quién y para quién se produce”.
En un discurso interrumpido por aplausos casi en una decena de ocasiones, el Papa desgranó qué significa el concepto “tejer redes” que daba nombre al encuentro. Una labor “centrada en la dignidad humana”. Y, como fundamento de esa dignidad, el considerar al ser humano como creado a imagen y semejanza de Dios: “Aquí reside el fundamento de la inalienable dignidad humana, cuyo absoluto respeto es la base del diálogo”.
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“Cabe preguntarse con honestidad si el mundo –y en particular Europa– habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia”
Recordó la relación entre la fe y la belleza. “No es extraño entonces que la proclamación de la Buena Nueva y la conciencia de sabernos hermanos se exprese con forma de saeta en una Semana Santa, de poesía mística, de maestría literaria en autores como Lope de Vega, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, o en la prosa serena de santo Tomás de Aquino […] . Todo ello muestra el vínculo entre lo material y lo espiritual que constituye nuestra existencia”.

Habló de la importancia de la fe para la propia sociedad: “Cabe preguntarse con honestidad si el mundo –y en particular Europa– habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia”. “¿En serio es posible creer que Europa –a la que tanto amamos– sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad?”. Y, en medio de uno de los mayores aplausos, hizo referencia a San Juan Pablo II: “Sigue vivo el grito de mis predecesores: ¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo”.
Antonio Banderas
En sintonía con las palabras del Papa, se sucedieron otras intervenciones. Resultó sobresaliente la del actor Antonio Banderas: “La relación entre la Iglesia católica y el arte no ha sido solo fructífera: ha sido determinante. No tememos equivocarnos al decir que la iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad”. Recordó que la figura más representada en la historia del arte es Jesucristo. “No como una imagen repetida, sino como un icono de paz, de amor y de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable”.
Y en lugar de continuar por un discurso más formal, el actor y director prefirió aportar un testimonio personal de su fe, muy ligada a la vivencia de la Semana Santa andaluza. Mencionó sus preguntas sobre Dios, la fe heredada de sus padres y asumida… Dejó frases como “El arte debe ser una alternativa a la violencia. Todas las violencias. Así como lo hizo el propio Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia crítica a la sociedad, al propio arte, y a la propia religión”. Subrayó la necesidad de hacerse preguntas esenciales sobre el sentido de la vida. Y, parafraseando el título de su musical Godspell, acabó haciendo una confesión: “Yo estoy hoy aquí confesando haber sido víctima del hechizo de Dios”.
La lección de diálogo continuó en las palabras del vicerrector de la Universidad Complutense, quien mencionó al cardenal Newman, doctor de la Iglesia y profesor universitario. Y en las intervenciones de los empresarios y los sindicalistas. Al principio de la del dirigente de Comisiones Obreras se escucharon unos silbidos, pero inmediatamente fueron ahogados por una petición de silencio y un aplauso, al final, como a todos los que intervinieron, que desde diferentes modos de ver la sociedad, se esforzaron por plantear un terreno común: tomar la dignidad humana como punto de partida para la construcción de una sociedad justa.
También las deportistas Teresa Perales –récord español de medallas en deporte paralímpico– y Carolina Martín, triple campeona del mundo en bádminton, brillaron en su petición de mostrar el deporte como ejemplo de tejer redes, de buscar unir, frente a una rivalidad mal enfocada.
Entre medias, el Papa y los asistentes pudieron disfrutar también de intervenciones musicales, y especialmente de una excepcional interpretación a cargo de la bailaora flamenca Sara Baras.

Los presentadores del acto, Lara Siscar y Carlos Franganilllo, profesionales de la televisión, habían hecho referencia al inicio a la conexión entre el dicho popular “de Madrid al cielo” y el lema del viaje: “Alzad la mirada”. El encuentro fue una plasmación de esta propuesta.