Si hay una exposición exhaustiva sobre el muro de Berlín y los mundos opuestos que se gestaron durante la Guerra Fría a cada lado del llamado “telón de acero”, es esta de la Fundación Canal, abierta hasta el próximo 25 de enero. Y probablemente, esa exhaustividad sea, a la vez, su único pero: hace falta toda una mañana o toda una tarde para poder asimilar la ingente cantidad de material expuesto. Sabiéndolo de antemano, y con cuatro horas por delante, uno está listo para sumergirse en los episodios que marcaron la segunda mitad del siglo XX.
Gracias a una valiosa audioguía que ensambla el relato desde las guerras mundiales hasta la caída del muro, uno va avanzando de sala en sala viendo material filmado de la época, fotografías o gráficos; descubriendo testimonios y anécdotas, además de los 300 objetos originales expuestos, incluidos segmentos del muro.
Cada jueves, lo mejor de Aceprensa en una newsletter gratuita.
Cada objeto escogido, cada documento histórico, cada historia personal es de máximo interés, y uno quiere pararse en todo para absorber la información, para quedarse con la anécdota, para entender cómo el mundo se pudo llegar a dividir por una frontera que fue una línea invisible durante años y que, de la noche a la mañana del 13 de agosto de 1961, pasó a ser una alambrada.
Aquel día, unos vecinos atónitos vieron cómo, sin previo aviso, el gobierno de la República Democrática Alemana apilaba un bloque de hormigón tras otro, separando familias, amigos y barrios en una ciudad que se convirtió en el epicentro de la lucha ideológica entre el Oeste capitalista y el Este soviético.
El público joven y adulto disfrutará de este interesante paseo por la historia, en el que no faltan testimonios personales de uno y otro lado. Estas voces completan un complejo mosaico de lo que fueron aquellas vidas truncadas por una barrera que llegó a convertirse en una trampa mortal, en la que murieron 192 personas y otras 200 resultaron heridas tratando de cruzar al lado occidental.