Un Sínodo para proponer la santidad a los jóvenes

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Al igual que pasó con el Sínodo sobre la familia, en el que la situación de los divorciados vueltos a casar acaparó la atención mediática en detrimento de otros muchos temas, algunas informaciones acerca del próximo Sínodo de los obispos están poniendo el acento en asuntos que se desvían del tema principal: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Hablamos con José María Gil Tamayo, secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, sobre el planteamiento de fondo del Sínodo.

El pasado 19 de junio, la Santa Sede publicó el Instrumentum laboris del Sínodo, un extenso documento que guiará el trabajo de los obispos en octubre. Entre otras fuentes, se hacía eco de las reflexiones de los jóvenes –católicos, cristianos de otras confesiones y no creyentes– que se reunieron en Roma del 19 al 24 de marzo en un encuentro preparatorio.

Allí hablaron de una multitud de temas, con acentos distintos en cada región. Por ejemplo, mientras el desempleo es una de las preocupaciones más agudas entre los jóvenes latinoamericanos, a los asiáticos les inquietan sobre todo las presiones generadas por “un clima de gran competición, una orientación altamente selectiva y cargas de trabajo muy intensas y estresantes”, en palabras del Instrumentum laboris.

Y mientras en regiones más secularizadas hay jóvenes que acusan a la Iglesia de ser “demasiado severa y excesivamente moralista”, otros “experimentan una Iglesia muy cercana a ellos, en lugares como África, Asia y América Latina, así como en diferentes movimientos globales; inclusive algunos jóvenes que no viven el Evangelio se sienten conectados a la Iglesia”.

Pero esta variedad no ha interesado a todos los medios. Muchas informaciones se han centrado en destacar la petición de algunos jóvenes al Sínodo para que afronte “más abiertamente y sin prejuicios” la cuestión de la sexualidad, así como otros temas controvertidos en la opinión pública, como el aborto, las parejas de hecho, la contracepción o la homosexualidad. Esta petición, recogida en uno de los 214 puntos del Instrumentum laboris ha llenado titulares, también en medios católicos. Pero se está hablando mucho menos del resto de asuntos.

Atender a lo esencial

¿Qué es lo esencial del Sínodo, qué objetivos se propone? “Etimológicamente hablando –responde Gil Tamayo–, la palabra ‘sínodo’ expresa la idea de ‘caminar juntos’. Es una asamblea en la que unos obispos, reunidos con el Santo Padre, tienen la oportunidad de compartir información y experiencias, con el fin de buscar soluciones pastorales que tengan aplicación universal, en este caso referidas a algo tan importante como es la evangelización de los jóvenes”.

“No hay otra receta que la de pedir generosidad a los jóvenes y ofrecerles metas altas y a la vez realizables”

Respecto al tema central del Sínodo, “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, sostiene que han de conjugarse tres elementos: “Conocer cómo son los jóvenes de hoy, sus anhelos, dificultades, esperanzas, etc.; cómo puede ayudárseles a una vivencia profunda de fe cristiana, de propuesta de santidad, de experiencia de Dios; y cómo ofrecerles o presentarles una opción de vida, la vocación personal –humana y cristiana– que, cumpliendo la voluntad de Dios, están llamados a realizar con discernimiento en la sociedad y en la Iglesia, ya sea en la vida laical, en la vida consagrada o en el ministerio sacerdotal”.

Sobre la insistencia en los temas polémicos, Gil Tamayo invita a los creyentes a ver el Sínodo con ojos de fe: “No estamos ante un tinglado humano”. Junto a la oración, pide “una comunicación eficaz”, que preserve “los trabajos sinodales de la contaminación de quienes enfatizan lo accidental, oscurecen lo esencial y concluyen lo erróneo”.

Llamados a la santidad

Algunas personas piensan que la única forma que tiene la Iglesia de acercarse a los jóvenes es rebajando las exigencias del mensaje cristiano. Pero esta laxitud contrasta con el llamamiento del Instrumentum laboris a despertar el entusiasmo por “la vocación universal a la santidad”, o con el recordatorio de que la juventud es “un tiempo para la santidad”, como dice el mismo documento.

En este sentido, Gil Tamayo considera que el Sínodo “será una oportunidad magnífica que Dios nos da para reavivar la pastoral juvenil y vocacional, tan necesaria hoy”.

“No hay otra receta que la de pedir generosidad a los jóvenes y ofrecerles metas altas y a la vez realizables. Y para nosotros no es otra cosa que la santidad, el seguimiento de Cristo en el estado de vida en que Dios llama a cada uno. Es lo que ha hecho siempre la Iglesia y el Papa Francisco nos recuerda en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate, sobre la vocación a la santidad en el mundo actual”.

El Instrumentum laboris repite con notable insistencia las palabras “acompañamiento” y “formación”. ¿En qué medida facilitan el discernimiento vocacional al que invita el Papa? “Son dos medios indispensables”, contesta Gil Tamayo. “Sin formación no puede haber, ni en el plano humano ni el cristiano, una verdadera madurez. Necesitamos dar razón de nuestra existencia y nos movemos por un sentido, en nuestro caso sobrenatural, y no sólo por medios de vida; para ello es preciso formarnos humana y espiritualmente y, a la vez, sentirnos acompañados por maestros creíbles mediante la dirección espiritual que nos orienten en la toma de decisiones libres y responsables, que se concreten en nuestra vocación personal”.

Jóvenes por la Humanae vitae

Instrumentum laboris, cerca de 200 jóvenes laicos de Gran Bretaña publicaron una carta abierta en The Catholic Herald en la que elogian la claridad y el valor profético de la encíclica Humanae vitae, de la que se cumplen ahora 25 años.

Los firmantes salen al paso de quienes dicen que las enseñanzas de la Iglesia católica respecto a la anticoncepción han quedado anticuadas. “Vivir la castidad es contracultural y difícil, pero enriquecedor para las relaciones. Nos recuerda que la persona hacia la que nos sentimos atraídos no es una cosa para ser usada, sino un igual al que amar, honrar y tratar con reverencia”.

“En el centro de la castidad está la sencilla, pero revolucionaria idea de que estamos hechos para el amor, y nuestra sexualidad se nos ha dado para atender esta llamada. Por tanto, como dice el Papa Francisco, ‘la imagen de Dios es la pareja casada’. El sexo nunca puede ser informal, porque está inherentemente lleno de significado, a saber: el amor mutuo de la pareja y la apertura a una nueva vida. Por eso es tan importante respetar la integridad del acto sexual. Solo cuando dejamos que el sexo exprese todo su significado, podemos cada cual entregarnos a nuestro cónyuge con amor completo”.

La carta concluye con un elogio a la Humanae vitae, por su “bellas y proféticas” enseñanzas sobre la sexualidad, de referencia para la generación actual y las venideras.

 

 


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