Obama quita a las instituciones religiosas el derecho a decidir

(Actualizado el 30-01-2012)

Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York: “Tenemos doce meses por delante para aprender a violar nuestras conciencias”

Con la ley de reforma sanitaria aprobada en su día y que se va aplicando progresivamente, se exige que los seguros médicos financiados en parte con ayudas públicas incluyan la contracepción, la píldora del día después y la esterilización. En ese caso se encuentran los seguros que los empleadores ofrecen a su plantilla, por los que se benefician de importantes deducciones de impuestos. Los que no estén de acuerdo se ven en la alternativa de facilitar unos servicios contrarios a sus convicciones o perder las deducciones fiscales, con peligro para sus balances.

El reglamento se anunció el pasado agosto y, para calmar los ánimos, el Ministerio de Sanidad presentó una exención para una curiosa categoría de “empleadores religiosos”: la de aquellas organizaciones religiosas que proveen servicios directamente a miembros de su propia confesión y que tienen como único objetivo la enseñanza de valores religiosos.

Esta categoría recién creada fue considerada demasiado restrictiva por universidades, escuelas, hospitales y organizaciones benéficas de inspiración religiosa –sobre todo, católicas–, que se dedican a una gama de actividades más amplia que la enseñanza religiosa.

Al ver que sus derechos a la libertad religiosa y a la objeción de conciencia iban a quedar desprotegidos, se quejaron al Ministerio de Sanidad y pidieron que ampliara la escuálida cláusula de conciencia que acababa de crear.

Facilidades, no; problemas, sí

La tensión entre el intervencionismo estatal en materia de derechos y libertades, de un lado, y el respeto a la objeción de conciencia de las personas y de las instituciones católicas, de otro, fue uno de los temas candentes abordados en la reciente visita de un grupo de obispos norteamericanos a Benedicto XVI.

El radicalismo por la vía de los hechos –y con modales suaves– empieza a cristalizar como una marca de la era Obama

El jueves 19 de enero, el Papa les exhortó a contrarrestar los “preocupantes (...) intentos de limitar la más querida de las libertades americanas, la libertad religiosa” así como las amenazas al derecho a la objeción de conciencia a personas e instituciones católicas que no quieran intervenir en prácticas intrínsecamente malas (cfr. Aceprensa, 20-01-2012).

Un día después, fue cuando el Ministerio de Sanidad de EE.UU. se descolgó con su flamante nuevo reglamento. En vez dar facilidades a instituciones dedicadas a trabajar por el bien común, esta norma tiene la habilidad de crearles problemas en el sitio más delicado donde podía creárselos: la intimidad de la conciencia.

La norma entrará en vigor el 1 de agosto. Pero, por cortesía del gobierno, las instituciones de inspiración religiosa tendrán un año más de plazo. “Este año adicional –explica la responsable de Sanidad, Kathleen Sebelius– concederá a estas organizaciones más tiempo y más flexibilidad para que se adapten a la nueva regulación”.

Pero Sebelius y la Casa Blanca saben, porque esas organizaciones ya fueron en su día a pedirles que extendieran la cláusula de conciencia, que el problema no se reduce a poner a punto unos “modos de hacer”.

De ahí que Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia Episcopal de EE.UU., se haya plantado con frase gráfica: “Tenemos doce meses por delante para aprender a violar nuestras conciencias”, escribe en un artículo publicado en The Wall Street Journal.

Otros han interpretado la graciosa concesión del plazo de un año en clave política: el aplazamiento, dicen, parece obedecer al deseo de evitar la confrontación entre el gobierno de Obama y los obispos de EE.UU. precisamente en tiempo de elecciones.

La radical agenda de Obama

Especulaciones aparte, lo cierto es que el radicalismo por la vía de los hechos –por muy revestido de modales suaves que esté– empieza a cristalizar como una marca de la era Obama.

Steven Ertelt, editor de LifeNews.com, ha recopilado todas las medidas pro abortistas adoptadas por Obama desde que es presidente de EE.UU. Aunque la trascendencia ética y legal de cada una de ellas es diversa, el conjunto permite hacerse una idea clara y distinta sobre lo que persigue Obama.

Que concibe el aborto como un derecho de la mujer, por ejemplo, está fuera de dudas. (No, la sentencia Roe v. Wade no dice que la libre disposición sobre la vida del feto sea un derecho fundamental). Como también está fuera de dudas que cree en el poder ilimitado de la Casa Blanca para imponer su definición del matrimonio a todo el país (cfr. Aceprensa, 3-10-2011).

En su artículo del WSJ, monseñor Dolan escribe: “La Iglesia católica defiende la libertad religiosa, incluida la libertad de conciencia, para todos. Los amish no llevan seguro médico. Y el gobierno respeta sus principios. Los cientistas cristianos (“christians cientists”, en inglés) aspirar a curar sólo por el poder de la oración, y la ley de reforma sanitaria respeta esta particularidad. Los cuáqueros y otros grupos religiosos se oponen totalmente a la acción de matar incluso en tiempos de guerra, y el gobierno respeta este principio para quienes objetan en conciencia. Pero con esta última decisión, el gobierno de Obama fracasa en mostrar el mismo respeto a las conciencias de los católicos y de otros que se niegan a tratar el embarazo como si fuera una enfermedad”.

Obama ha dado una última vuelta de tuerca a su agenda: ahora las ideas radicales se imponen; también contra la conciencia. Atrás quedan los días en que el inclusivo senador de Illinois proclamaba con mirada de I have a dream: “Los laicistas se equivocan cuando piden a los creyentes que dejen su religión a la puerta antes de entrar en la esfera pública”.

Esto lo dijo en 2006. Han pasado los años. Y ahora que muchos de los que tenían sueños en la época de Martin Luther King parecen haberlos cumplidos, no estaría de más que los católicos también pudieran ver cumplidas sus aspiraciones a que se respeten sus derechos a la libertad religiosa y a la objeción de conciencia.


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