Mi vida querida

Dear Life

Página 1

Autor: Alice Munro

Lumen.
Barcelona (2013).
336 págs.
22,90 € (papel) / 14,99 € (digital).
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino.

Una versión de esta reseña fue publicada en el servicio impreso 71/13

Doce colecciones de cuentos y dos novelas después, el nombre de Alice Munro viene acompañado indefectiblemente desde hace unos años de la etiqueta “candidata al Nobel” o “mejor escritora viva en lengua inglesa” o es emparentado al mítico Chéjov. Estas cosas pueden no significar mucho, pero cuesta más pasar por alto el prestigio que tiene entre escritores, el más difícil de alcanzar en su profesión.

Es difícil leer a esta autora olvidando esto, y, de hecho, la narración es buena, la tensión de la trama mínima pero suficiente, el desarrollo de los personajes principales profundo (y para hacer esto en veinte páginas hay que tener mucho oficio), pero en ningún momento se tiene la impresión de tener entre las manos una gran obra. Hay simplicidad, brevedad, cierta perfección, poco que objetar realmente al punto de vista escogido, a los diálogos y descripciones, a la adjetivación, a las partes de la historia que se decide contar, todo tiene calidad, y, sin embargo, el conjunto flojea por falta de sólida sustancia.

En esta nueva colección de relatos se incluyen historias de amor de mujeres corrientes que en algún momento se saltan el guion social previsto en sus ambientes de pequeña ciudad canadiense. En esos años cincuenta se espera de ellas un rol maternal y profesional bien determinado del que no conviene salir. Munro (Wingham, Ontario, 1931) plantea otras situaciones: aburrimiento o descontento, giro impulsivo,…y nuevo fracaso. Relatos de duda, decepción y pérdida aunque no de arrepentimiento.

A la autora no le interesa entretener (ocurren pocas cosas y hay pocos giros y sorpresas), ni plantear un reto al lector (su narración es limpia, realista y sencilla de entender, sin grandes elipsis o vacíos que rellenar), sino presentar algunas de las emociones y acciones con las que los hombres (en su caso, las mujeres), consiguen una vez y otra estropear sus vidas.

A los diez relatos de perdedoras se suman cuatro piezas cortas autobiográficas, recuerdos de infancia con un tono similar al de las ficciones pero con un toque de sinceridad, delicadeza y equilibrio matizado que las convierten en lo más disfrutable del libro.


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