África pide perdón a África

Los obispos de África reconocen las culpas históricas de africanos en la trata de negros

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La responsabilidad por la trata de esclavos africanos suele presentarse como una culpa exclusiva de Europa y América. Pero siglos antes de que el hombre blanco pusiera sus pies en África, la trata de esclavos estaba ya organizada por traficantes árabes con la colaboración de africanos negros, y se mantuvo mucho después de la desaparición del mercado de esclavos en América. Esta complicidad de los propios africanos rara vez se destaca por sus líderes políticos. Por eso es un gesto valiente el que han tenido las Conferencias Episcopales de África al pedir perdón por los africanos "que han vendido a sus hermanos".

Los 150 obispos católicos participantes en el simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), que se ha celebrado en Dakar hasta el 12 de octubre, han querido impulsar el trabajo de "purificación de la memoria" para reconocer las culpas del pasado. Reunidos en la "Casa de los esclavos" de la isla de Gorée, que durante tres siglos fue uno de los centros de la trata de negros que eran enviados a América, los obispos pidieron perdón solemnemente por la implicación de los propios africanos en las antiguas y nuevas formas de esclavitud.

"También el pueblo negro debe pedir perdón por haber contribuido al auge de la esclavitud. Está demostrado que hubo africanos que facilitaron la captura de esclavos", explicó a la prensa el P. Patrice Coly, de la catedral de Dakar. En este contexto se publicó un informe del P. Barthélémy Adoukonou, secretario general de la Conferencia Episcopal del África Occidental Francófona, en el que subraya la responsabilidad de los africanos en las mentalidades y comportamientos que permitieron la esclavitud.

Mons. Laurent Monsengwo Pasinya, presidente de la SECAM, afirmó en su discurso que "el pecado contra el hombre negro no está solo en el pasado". Pasinya condenó "las nuevas formas de trata de esclavos que son el tráfico de jóvenes para la prostitución, el llamado turismo sexual, el comercio de niños, el reclutamiento forzoso de niños y adolescentes para guerras fratricidas, neocolonialistas y el pillaje de las riquezas del subsuelo africano". También invitó a condenar "toda forma de exclusión étnica, tribalista y regionalista que mina peligrosamente nuestras sociedades".

Aunque la deportación de esclavos africanos por negreros musulmanes hacia países de Oriente fue tan intensa como la que se dio hacia América, se ha hablado mucho menos de ella. El universitario francés Olivier Pétré-Grenouilleau, especialista en trata de negros, atribuye este silencio a la guerra fría y a la descolonización, que acercó ideológicamente al África negra y a los países musulmanes. No era entonces de buen tono recordar estas heridas del pasado.

En un artículo publicado en la revista L’Histoire (nº 283, octubre 2003), Pétré-Grenouilleau recuerda que "las tratas [de negros] orientales representan algo más del 40% de los 42 millones de personas deportadas en el total de tratas de negros. Constituyen así el mayor tráfico negrero de la historia". Ininterrumpidas entre el siglo VII y el XIX, el tráfico negrero hacia Oriente seguía dos rutas: a través del Sahara y a través de la costa oriental, con destino a Arabia y hasta la India. La primera podía durar tres meses, y las pérdidas estaban en torno al 20% de los efectivos, es decir, "cerca del doble de las víctimas de los negreros occidentales durante la travesía del Atlántico".

Europeos, musulmanes y africanos se aprovecharon de la esclavitud. Pero, a diferencia de los debates suscitados en Europa y América, los monarcas árabes y africanos del siglo XIX no veían ninguna razón humanitaria para luchar contra la esclavitud. Al final, sería abolida en Europa y América, mientras que siguió vigente en países de influencia musulmana, y aún siguen denunciándose casos en Sudán y Mauritania.


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