Francisco en la JMJ: Dios está en lo concreto

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Las decenas de miles de jóvenes católicos que acudieron a Ciudad de Panamá a encontrarse con el Papa Francisco en la recién finalizada Jornada Mundial de la Juventud, recibieron de él, en los múltiples encuentros celebrados, algunas claves para vivir su fe en medio de un mundo anestesiado por la omnipresencia de las nuevas tecnologías y a veces olvidado de lo esencial y concreto.

“Lo sabemos bien –dijo a los jóvenes reunidos en la vigilia del 26 de enero, en el Campo San Juan Pablo II de Metro Park–, no basta estar todo el día conectado para sentirse reconocido y amado. Sentirse considerado e invitado a algo es más grande que estar ‘en la red’. Significa encontrar espacios en el que puedan con sus manos, con su corazón y con su cabeza sentirse parte de una comunidad más grande que los necesita, y que también ustedes, jóvenes, necesitan”.

“No basta estar todo el día conectado para sentirse reconocido y amado”

El obispo de Roma aludió, en tal sentido, a la figura de María, que no estaba precisamente en el top de las personas más reconocidas de su tiempo, pero cuyo sí a Dios incidió, como nada antes, en la historia de la humanidad.

“La joven de Nazaret no salía en las ‘redes sociales’ de la época; ella no era una influencer, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influenció en la historia. Y le podemos decir con confianza de hijos: María, la influencer de Dios. Con pocas palabras se animó a decir ‘sí’ y a confiar en el amor; a confiar en las promesas de Dios”.

En tal sentido, la invitación del Papa a cada uno fue imitar ese asentimiento a la voluntad divina, una disponibilidad que debe traducirse en darle la bienvenida “a todo lo que no es perfecto, a todo lo que no es puro ni destilado, pero por eso no es menos digno de amor”. Sobre las personas con discapacidad, sobre los enfermos, los extranjeros, los que están tras las rejas, preguntó a sus oyentes si también merecían de ese amor, para después ilustrar con el Evangelio: “Así lo hizo Jesús: abrazó al leproso, al ciego, al paralítico, abrazó al fariseo y al pecador. Abrazó al ladrón en la cruz, e incluso abrazó y perdonó a quienes lo estaban crucificando”.

Los jóvenes no son el futuro: son el presente

¿En qué Iglesia quiere el Papa que los jóvenes se inserten y den fruto? En todo caso, no en una llevada por corrientes mundanas. En la inauguración de la Jornada, el 24 de enero en el Campo Santa María la Antigua, Francisco dejó en claro que ir adelante no significa crear “una Iglesia más divertida o cool”, u organizar eventos “con algún que otro elemento decorativo, como si a ustedes eso los dejara felices”.

“¡Al contrario! Queremos reencontrar y despertar junto a ustedes la continua novedad y juventud de la Iglesia, abriéndonos a un nuevo Pentecostés. Eso solo es posible, como lo acabamos de vivir en el Sínodo, si nos animamos a caminar escuchándonos y a escuchar, complementándonos, si nos animamos a testimoniar anunciando al Señor en el servicio a nuestros hermanos; servicio concreto, se entiende”.

Sobre esta idea insistió en otros momentos. En la eucaristía celebrada el último día, el domingo 27, en el Metro Park, el Papa llamó a aceptar a un Dios que se revela en el momento actual, tal cual hizo Jesús en la sinagoga de Nazaret: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír” (Lc 4,20-21), unas palabras que sus oyentes de aquel entonces se negaron a aceptar.

“Es el ahora de Dios que con Jesús se hace presente, se hace rostro, carne, amor de misericordia que no espera situaciones ideales, situaciones perfectas para su manifestación, ni acepta excusas para su realización. También a nosotros nos puede pasar lo mismo. No siempre creemos que Dios pueda ser tan concreto, tan cotidiano, tan cercano y tan real, y menos aún que se haga tan presente y actúe a través de alguien conocido como puede ser un vecino, un amigo, un familiar. No siempre creemos que el Señor nos pueda invitar a trabajar y a embarrarnos las manos junto a Él en su Reino de forma tan simple pero contundente”.

El obispo de Roma llamó a no reproducir la actitud de los presentes en la sinagoga de Galilea, y a percibir la proximidad de Jesús: “No son pocas las veces que actuamos como los vecinos de Nazaret, que preferimos un Dios a la distancia: lindo, bueno, generoso, bien dibujadito, pero distante y, sobre todo, un Dios que no incomode, un Dios ‘domesticado’. Porque un Dios cercano y cotidiano, un Dios amigo y hermano, nos pide aprender de cercanías, de cotidianidad y sobre todo de fraternidad”.

El propósito de Francisco es, pues, que la juventud se identifique con esa certeza de un Dios presente y actuante: “Ustedes, queridos jóvenes, no son el futuro. Nos gusta decir: ‘Ustedes son el futuro…’. No; son el presente. No son el futuro de Dios; ustedes jóvenes son el ahora de Dios”.

“Dios nunca te va a echar”

Otro momento de gran interés fue, el 25 de enero, la visita del Papa a un reformatorio juvenil. En el Centro de Cumplimiento de Menores Las Garzas de Pacora, Francisco tuvo oportunidad de realizar lo que es ya un signo de su pontificado: estar cerca de aquellos a quienes la sociedad desecha, en parte porque les teme.

“No son pocas las veces que actuamos como los vecinos de Nazaret, que preferimos un Dios a la distancia: lindo, bueno, generoso, bien dibujadito, pero distante”

El ejemplo debe ir muy en otra dirección. “Jesús –dijo– no tiene miedo de acercarse a aquellos que, por un montón de razones, cargaban sobre sus espaldas con el odio social, como eran los publicanos”, o a quienes “tenían el odio social porque habían tenido algún error en su vida, errores y equivocaciones, alguna culpa […]. Jesús lo hace porque sabe que en el cielo hay más fiesta por uno solo de los que se equivocan, de los pecadores convertidos, que por noventa y nueve justos que permanecen bien (cf. Lc 15,7)”.

Francisco desaprueba, al modo de Jesús, el comportamiento excluyente que no admite rectificaciones; que descalifica y condena sin dar oportunidad a la enmienda. “Esta gente condena de una vez para siempre, descalifica de una vez para siempre y se olvidan que a los ojos de Dios ellos están descalificados y necesitan ternura, necesitan de amor y de comprensión, pero no lo quieren aceptar”.

Contra el desasosiego que esto puede sembrar, el Papa afirma la mayor esperanza: “Dios nunca te va a echar, Dios no echa a nadie, Dios te dice: ‘Vení’. Dios te espera y te abraza y, si no sabés el camino, te va a buscar”.

Justo en esto, la Iglesia tendría mucho que decir y aportar. En su encuentro con los obispos centroamericanos, el día 24, el Papa de hecho los exhortó a promover iniciativas que sirvan para proteger y potenciar a los jóvenes.

“Por favor, róbenselos a la calle, antes de que sea la cultura de la muerte la que, vendiéndoles humo y mágicas soluciones, se apodere y aproveche de su inquietud y su imaginación. Háganlo, no con paternalismo, porque no lo toleran; no de arriba hacia abajo, porque no es lo que el Señor nos pide, sino como padres: como hermanos a hermanos. Ellos son rostro de Cristo para nosotros, y a Cristo no podemos llegar de arriba abajo, sino de abajo arriba”.

En Lisboa con seguridad “estará Pedro”

La JMJ se celebró entre el 24 y el 27 de enero de 2019 y congregó a unos 90.000 peregrinos. A la organización contribuyeron unos 20.000 voluntarios nacionales y 2.445 extranjeros, procedentes fundamentalmente de Colombia, Brasil, Costa Rica, México y Polonia.

Un matiz interesante de la acogida a los jóvenes católicos ha sido la fraternidad interreligiosa: parte de ellos fueron recibidos en sus casas por miembros de las comunidades hebreas e islámicas del país centroamericano: medio centenar de jóvenes polacos gozaron de la hospitalidad judía, mientras que otros 500 peregrinos fueron alojados en hogares musulmanes.

La siguiente JMJ se celebrará en Lisboa en 2022. En su Twitter, el Papa Francisco animó a acudir a ese evento: “Vayan y testimonien lo que han visto y oído, no con muchas palabras, sino mediante gestos sencillos, cotidianos. No sé si estaré en la próxima JMJ, pero seguramente estará Pedro y los confirmará en la fe”.


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