El Observatorio

El Papa celebra en San Pedro el Jubileo de los presos

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El Papa Francisco ha querido que el Año de la Misericordia llegue también a los reclusos, a menudo tan olvidados por la sociedad. Si en otras ocasiones les ha visitado en la cárcel, ahora ha abierto las puertas de la Basílica de San Pedro para celebrar el primer domingo de noviembre el Jubileo con unos mil reclusos, acompañados de familiares, capellanes y voluntarios. Y les ha dirigido un mensaje de esperanza, que es también un llamamiento a que la justicia penal no pierda nunca la perspectiva de la reinserción.

Doce países habían acogido la petición del pontífice de que permitieran a algunos reclusos acudir a San Pedro para el Jubileo. La mayoría procedían de cárceles italianas. De España había 35. Y el Papa ha querido que los reclusos participaran plenamente en la celebración. Algunos habían preparado las formas y otros ayudaron en la Misa. Una imagen de la Virgen de la Merced, patrona de los reclusos, estaba al pie del altar.

En la homilía, Francisco quiso hablarles de esperanza y del perdón de Dios, no obstante el mal cometido. “Donde hay una persona que se ha equivocado, allí se hace presente con más fuerza la misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perdón, reconciliación”.

“Ciertamente, la falta de respeto por la ley conlleva la condena, y la privación de libertad es la forma más dura de purgar una pena, porque toca a la persona en su núcleo más íntimo. Y aun así, la esperanza no puede perderse. Una cosa es lo que merecemos por el mal que hicimos, y otra cosa distinta es el ‘respiro’ de la esperanza, que no puede sofocarlo nada ni nadie”.

Dios espera siempre el retorno del hombre, como en la parábola del hijo pródigo: “Por tanto, si Dios espera, entonces la esperanza no se le puede quitar a nadie, porque es la fuerza para seguir adelante; la tensión hacia el futuro para transformar la vida; el estímulo para el mañana, de modo que el amor con el que, a pesar de todo, nos ama, pueda ser un nuevo camino”.

La posibilidad de cambiar de vida

En una sociedad que a veces solo busca el castigo del culpable, el Papa ha subrayado la posibilidad de rehabilitación. “El Jubileo, por su misma naturaleza, lleva consigo el anuncio de la liberación. No depende de mí poder concederla, pero suscitar el deseo de la verdadera libertad en cada uno de vosotros es una tarea a la que la Iglesia no puede renunciar. A veces, una cierta hipocresía lleva a ver en vosotros solo personas que se han equivocado, para las que el único camino es la cárcel. No se piensa en la posibilidad de cambiar de vida, hay poca confianza en la rehabilitación”.

Pero se olvida, ha añadido el Papa, que “todos somos pecadores y muchas veces somos prisioneros sin darnos cuenta”, “encerrados en los propios prejuicios”, “esclavos de los ídolos de un falso bienestar”, “entre las estrechas paredes de la celda del individualismo”.

El papa Francisco ha pedido a los reclusos que miren hacia adelante. “La historia pasada, aunque lo quisiéramos, no puede ser escrita de nuevo. Pero la historia que comienza hoy, y que mira al futuro, está todavía sin escribir, con la gracia de Dios y con vuestra responsabilidad personal. Aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo capítulo de la vida”.

La fe, estímulo para el perdón

Finalmente subrayó cómo la fuerza de la fe puede crear las condiciones necesarias para el perdón. “Cuantas veces la fuerza de la fe ha permitido pronunciar la palabra perdón en condiciones humanamente imposibles. Personas que han padecido violencias y abusos en sí mismas o en sus seres queridos o en sus bienes. Solo la fuerza de Dios, la misericordia, puede curar ciertas heridas. Y así, entre las víctimas y entre los culpables, Dios suscita auténticos testimonios y obreros de la misericordia”.

Después de la Misa, en el Angelus, el Papa hizo una petición dirigida a las autoridades civiles: “Querría hacer un llamamiento a favor de la mejora de las condiciones de vida en las prisiones de todo el mundo, de manera que respete plenamente la dignidad humana de los detenidos. Además, deseo reiterar la importancia de reflexionar sobre la necesidad de una justicia penal que no sea exclusivamente punitiva, sino que esté abierta a la esperanza y la perspectiva de insertar al encarcelado en la sociedad. De manera especial, someto a consideración de las autoridades civiles de cada país la posibilidad de hacer, en este Año Santo de la Misericordia, un acto de clemencia a favor de los presos que consideren idóneos para que se beneficien de tal disposición”.


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