Ciencia y religión, compatibles

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Según Alvin Plantinga, no hay conflicto entre fe religiosa y saber científico. Es más, a lo largo de la historia, la creencia en Dios ha impulsado muchas veces el avance de la ciencia.

Duelo de titanes: así calificaron algunos medios el debate que en 2009 mantuvieron en la Asociación Americana de Filosofía Daniel Dennet, considerado como uno de los más influyentes “nuevos ateos”, y Alvin Plantinga.

El tema era el supuesto conflicto entre ciencia y religión. Mientras que para Plantinga el teísmo no solo no es incompatible con la ciencia, sino que ha sido uno de los principales impulsores de su desarrollo, para Dennet todas las religiones son fruto de la superstición y la irracionalidad, y perjudiciales para el progreso del hombre.

Plantinga ha desarrollado sus argumentos en ¿Dónde está el conflicto real? Ciencia, religión y naturalismo (Avarigani, 2017), un ensayo en el que vuelve a asumir la defensa de la religión contra uno de sus últimos adversarios: el cientificismo naturalista. Los “cuatro jinetes del ateísmo”, como llama Plantinga a Dennet, Dawkins, Hitchens y Harris, suelen ridiculizar a los creyentes y reprocharles su actitud poco científica; pero en realidad son ellos, dice el filósofo norteamericano, quienes vulneran las exigencias de la ciencia.

No solo no hay antítesis entre ciencia y religión, sino que el auténtico conflicto es el que existe entre la ciencia y el naturalismo

Únicamente una concepción simplista y adulterada de la ciencia contradice las creencias básicas del teísmo. La ciencia no exige, por sí misma, negar la posibilidad del milagro. Y, frente a lo que algunos sostienen, tampoco la teoría de la evolución obliga a aceptar la selección natural no guiada.

“Es perfectamente posible –apunta Plantinga– que el proceso de selección natural haya sido guiado y supervisado por Dios y que no hubiera podido producirse el mundo sin esa guía”. Cuando el ateísmo se convierte en un presupuesto de la teoría de la evolución, esta deja de ser ciencia y se transforma en un instrumento al servicio de la ideología.

La religión, hospitalaria con la ciencia

Basándose en su propia epistemología, el pensador calvinista lleva su argumentación, como es habitual en él, un paso más allá para sacar una conclusión sorprendente: no solo no hay antítesis entre ciencia y religión, sino que el auténtico conflicto y la verdadera incompatibilidad es la que existe entre la ciencia y el naturalismo.

Si, de acuerdo con la teoría del conocimiento naturalista, no se aceptan más evidencias que las obtenidas científicamente, no hay forma de saber si ese mismo presupuesto básico es verdadero. Ahora bien, “si no se puede aceptar el naturalismo y la evolución, el pilar de la ciencia actual, entonces hay un serio conflicto entre el naturalismo y la ciencia”, concluye.

Algo diferente ocurre con el teísmo, cuyos postulados han sido decisivos para el avance de la ciencia. Así, la idea de que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios hace posible confiar en la capacidad de la razón humana para conocer lo real, de la misma manera que la noción de Dios creador avala la inteligibilidad y el orden de la naturaleza, imprescindibles para descubrir sus leyes.

La religión es, pues, hospitalaria con la ciencia. Pero ¿qué decir de la actitud de la ciencia hacia la religión? Plantinga examina los argumentos del ajuste fino a favor del teísmo, de acuerdo con el cual, algunas de las constantes físicas tienen que encontrarse entre determinados parámetros para hacer posible la vida. Puede que esto tampoco demuestre definitiva e irrefutablemente la existencia de Dios, pero al menos muestra que es probable. 


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