El Observatorio

Beppe Grillo, entre el apocalipsis y la vulgaridad

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Es interesante un análisis de Massimo Introvigne, con referencia al libro de los sociólogos Robert Biorcio y Paolo Natale Politica a 5 stelle. Idee, storia e strategia del movimento di Grillo.

La mayoría de los comentaristas, afirman Biorcio y Natale, no entienden el movimiento de Grillo, porque se fijan en uno solo de los tres elementos que lo configuran: “el partido personal” de un comediante que se convierte en “empresario político”; el desplazamiento de la comunicación de la prensa y de la televisión a Internet; y el populismo, una expresión tan repetida que casi no significa ya nada, aunque en este caso indicaría una llamada contra los males de Italia producidos por la “casta” de los políticos profesionales.

Pero la realidad es que Silvio Berlusconi había demostrado antes que es posible construir partidos personales a partir de créditos y simpatías adquiridos en ámbitos diversos de la política. El propio Grillo apoyó en 1994 a Silvio Berlusconi, contra “los políticos de la Primera República”.

De Coluche a Internet
Uno de los modelos de Grillo es el cómico francés Coluche (1944-1986), con quien rodó en 1985 una película de Dino Risi. Coluche cosechó un gran éxito en Radio Montecarlo con un lema contra los políticos (“Vete a la mierda”), que Grillo asumiría como culto a la vulgaridad convertida en fuerza subversiva.

Personajes como el filósofo Gilles Deleuze (1925-1995) y los sociólogos Alain Touraine y Pierre Bourdieu (1930-2002), apoyaron entonces a Coluche, como si sus palabras hubieran sido las más importantes de Francia tras la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Pero los tiempos no estaban maduros. Persistía aún la guerra fría, no había caído el Muro de Berlín, y nadie podía imaginar a un país estratégico como Francia en manos de un comediante imprevisible. Su campaña terminó en tragedia cuando René Gorlin fue asesinado: un crimen oscuro presentado como pasional, pero muy dudoso aún. Coluche se retiró de la campaña, y pidió el voto para François Mitterrand (1917-1996). Años más tarde, comienza a trasferir sus ideas a su amigo italiano Beppe Grillo.

Al principio, Grillo no manifestaba especial entusiasmo por Internet. Era un hombre de televisión, aunque fue apartado de las ondas por su virulencia antipolítica y su activismo militante en temas sociales y ecológicos. Pero todo cambió tras su unión con Gianroberto Casaleggio, un gran experto en el marketing en la Web. De hecho, ha transformado la Red en una religión, en la que no faltan expresiones apocalípticas. Sin él, Grillo no sería un líder mundial en Internet.

Por otra parte, su populismo va contra la política, en la línea de movimientos precedentes, como “manos limpias”, reforzados por los “indignados”, y concentrado en el Movimiento 5 estrellas –el nombre (M5S) se refiere a los cinco puntos programáticos de 2010–, que se convirtió en el primer partido en las elecciones de Sicilia en 2012.

Los votantes de Grillo
Nadie podía imaginar el número de votos que conseguirían en 2013. Su base estaba constituida inicialmente por graduados universitarios de la Italia septentrional, que confían sólo en la Red, y desprecian a la prensa y la televisión. A ellos se han añadido otras tres categorías: en primer lugar, los “izquierdistas” decepcionados por el apoyo del Pd (partido democrático, sucesor del PCI) al gobierno de Mario Monti. Luego, los “razonables”, que optan por Grillo tras un cálculo racional de costos y beneficios, convencidos de que su éxito, aun efímero y problemático, puede obligar a las reformas políticas prometidas una y otra vez por los partidos tradicionales. Por último, los menopeggio, votantes de la extrema derecha o de la Liga lombarda que no comparten las ideas de Grillo, pero lo consideran el menos malo de todos a la hora de criticar a la "casta", los bancos o la Unión Europea.

Mantener unidos a estos cuatro grupos no será nada fácil; tampoco lo será gestionar una masa de diputados seleccionados a través de la Web, sin haber hablado nunca con Grillo. Los problemas de la democracia interna del movimiento surgen de su propia naturaleza. Casaleggio dirá que el problema está mal planteado, porque en “la era de Gaya” desaparecerá la democracia representativa. Pero, se pregunta Introvigne, ¿cuántos de los elegidos del M5S, por no hablar de sus votantes, conocen realmente y entienden las profecías de Casaleggio?

Relaciones con la Iglesia y los católicos
El libro dedica poco espacio a esta cuestión. Los trabajos de Franco Garelli han mostrado que, al margen de lo que sugieran los obispos, los católicos votan más o menos como los demás italianos. Pero entre los militantes y electores de M5S se supera el promedio nacional de no creyentes y personas hostiles a la Iglesia. No obstante, en el actual boom, también les votan católicos practicantes. Pero siguen siendo una minoría, y seguramente ignoran que después del triunfo de Gaya previsto por Casaleggio, las religiones están llamadas a desaparecer: serán sustituidas por el culto esotérico a la Madre Tierra.

Introvigne concluye que en la utopía de Casaleggio no desaparecen sólo las religiones; también el capitalismo, el socialismo, los sindicatos, e incluso los libros, reemplazados por la Red. Si Grillo y Casaleggio son inseparables el uno del otro, la perspectiva general del movimiento no puede ser otra que la destrucción total de cualquier pensamiento político –o religioso– alternativo. Y los que piensan estar con Grillo para salvar su poltrona, evocan a los burgueses de los que hablaban los primeros bolcheviques: quienes llevan alegremente a los enemigos la cuerda con la que serán ahorcados.

En las listas de Grillo
Philippe Ridet, corresponsal en Roma de Le Monde, coincide en buena medida con esta descripción en el perfil que publicaba el diario parisino. Los 8,5 millones de votos para la Cámara superan los sueños más ambiciosos. Su problema es qué quiere para Italia. Como afirmó Pier Luigi Bersani, líder de la coalición de izquierda, Grillo y sus seguidores querían enviar a todos a su casa, pero ahora tienen que explicar qué quieren hacer por este país, que es el suyo y el de sus hijos.

Está por ver si el “no-partido”, el “no-vencedor”, el “no-alianzas”, apoyará posibles reformas lanzadas por el centro izquierda. En todo caso, el “no-líder” tendrá que acudir al Quirinal para escuchar al presidente de la República, Giorgio Napolitano, descalificado como “momia”.

Al cabo, Beppe Grillo no es un desconocido en Italia: en el archivo de la RAI, se le puede observar en 1983 animando una noche electoral en compañía del periodista Bruno Vespa, convertido después en símbolo del periodismo servil con el poder. La incógnita es si este adepto de la participación directa y del control de elegidos por los ciudadanos, puede convertirse a las reglas institucionales.

En cuanto a los elegidos en las listas del M5S, Ridet afirma que tienen poco que ver con la figura de su líder. “En su mayoría, son perfectos desconocidos y neófitos. Entre ellos se encuentran amas de casa, estudiantes, físicos, etc. Tienen en común un uso intensivo de Internet –el único vector de comunicación en este partido sin sede ni estructura– y en muchos casos conocimientos especializados en ciertos campos, como el medio ambiente, por ejemplo. Pero no son ‘agitadores’ como se les ha pintado”.


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