Ellas se hacen con las armas

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Contrapunto

Un ingenuo discurso feminista nos decía que con el ascenso de las mujeres a los centros de poder se dulcificarían las relaciones humanas y se favorecería la búsqueda del consenso donde los varones habían sembrado conflicto y violencia. El cliché quedó ya deteriorado con una figura como Margaret Thatcher, quien demostró que en la política lo que se espera de una mujer es que despliegue su competencia y sus dotes de mando, no su espíritu maternal.

Pero lo que llama la atención en la actual política norteamericana es la progresiva ocupación por mujeres de los puentes de mando desde donde se dispara. Como Fiscal General, Janet Reno tiene bajo su jurisdicción al FBI, y en el conflicto de Waco demostró ser partidaria de métodos expeditivos. Pero ahora deberá utilizar toda su firmeza para aplicar las leyes aprobadas por Clinton que limitan el uso de armas de fuego a los particulares.

Para conseguirlo tendrá que enfrentarse con Marion Hammer, una tiradora de élite, que es la nueva presidenta de la National Rifle Association, el poderoso looby de las armas. Es la primera vez que los intereses del mayor grupo de presión de Estados Unidos -tres millones de miembros- son defendidos por una mujer. No hay que dejarse engañar por sus 1,50 metros, sus cabellos grises y su sonrisa pacífica. Más rápida y mortal que Sharon Stone, está decidida a luchar por el «derecho sagrado» de todo americano a poseer un arma y a «echar del poder a los que tratan de prohibir nuestros valores y nuestras ideas». Esperemos que lo intente sin recurrir a las milicias paramilitares que defienden la misma causa.

Aunque no haga tanto ruido, no tiene menos poder de fuego la nueva directora ejecutiva de la CIA, Nora Stalkin, que lleva el día a día de la Agencia, mientras que el presidente de la organización se ocupa de las relaciones políticas. Stalkin ha llegado al mando de los espías, no por ser precisamente una «chica Bond», sino por su competencia y experiencia, desarrollada primero como analista de defensa en el Congreso y después como responsable de adquisiciones de la Armada. Ya sólo falta que también en el Pentágono llegue a la cúpula una generala, y entonces todas las armas estarán bajo control femenino.

Juan Domínguez

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