Yo voy, tú vas, él va

Gehen, Ging, Gegangen

Página 1

Autor: Jenny Erpenbeck

Anagrama.
Barcelona (2018).
336 págs.
20,90 € (papel) / 9,90 € (digital).
Traducción: Francesc Rovira.

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Jenny Erpenbeck (Berlín, 1967) inició su carrera como escritora en 1990. Su última novela, Yo voy, tú vas, él va, muy realista, está exenta de adornos y aborda con fina sensibilidad la realidad de los refugiados en Europa.

Richard es catedrático de filología clásica en Berlín. Tras años de éxitos académicos le ha llegado el momento de la jubilación. Sin hijos por un pacto de mutuo acuerdo con su esposa ya fallecida, y tras haberle abandonado su amante, ahora es un hombre solo con mucho tiempo libre que no sabe cómo llenar.

Pero lo suyo es pensar, no puede evitarlo: es deformación profesional. Por eso, las noticias que aparecen en los medios le llevan a prestar atención a unos refugiados africanos que, acampados en una plaza de Berlín, han de ser desalojados. Sin saber muy bien para qué, se propone entrevistarlos. Lo que le van contando esos hombres llegados desde distintos puntos de África provoca en él una trasformación interior que le lleva a cuestionar sus propios planteamientos vitales.

Jenny Erpenbeck emplea frases cortas que dan dinamismo al texto. La repetición de algunas para enfatizar expresiones o la inclusión de diálogos en el mismo texto descriptivo son suficientes para hacer llamadas constantes a la conciencia del lector.

El miedo a lo desconocido, al forastero, a quien piensa distinto o tiene otro color de piel da lugar a fronteras artificiales y a unas leyes absurdas que prohíben trabajar al refugiado mientras es acusado de ociosidad. Situaciones injustas que no han dejado de sucederse a lo largo de los siglos, sin olvidar la historia más reciente de Europa, cuando los extranjeros, los exiliados o los deportados eran los europeos mismos. Los recursos mitológicos para describir a alguno de los personajes según el pensamiento clásico del protagonista son un acierto estilístico para perfilar la personalidad de cada uno de ellos.

Erpenbeck destaca la cultura, las relaciones personales, familiares, etc. de los pueblos africanos frente al materialismo individualista de Occidente: “Un amigo, un amigo de verdad, es lo mejor que hay en el mundo”.


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