A propósito de Diario de Greg (II)

Un resistente frente al sistema educativo

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Una de las razones de su éxito entre lectores niños se debe a que la perspectiva es la de un chico, que se bandea como puede ante la educación que recibe.

Diario de Greg, de Jeff Kinney (1971), es una serie compuesta, de momento y principalmente, por seis libros que son como el diario del protagonista. La narración sigue un hilo cronológico aunque a veces vuelve atrás para contar sucesos del pasado: los dos primeros libros abarcan el primer semestre de un curso, cuando Greg tiene unos 12 años; el tercero es el segundo semestre; el cuarto es el peor verano de Greg; el quinto es su regreso a clase. La tipografía finge ser la de una escritura a mano. El narrador salpica su narración, en cada página, con unos dibujos sencillos de los personajes, como monigotes: con ellos a veces se añade un juego irónico pues pueden decir cosas que no están en el texto o incluso lo contrario de lo que dicen las palabras.

Greg está obsesionado con los videojuegos y su personalidad es, como la de Calvin (de Calvin y Hobbes), la de un chico egoísta que sólo piensa en sí mismo y encuentra siempre formas de justificarse –el día de año nuevo, por ejemplo, piensa en qué propósitos puede hacer: “el caso es que me resulta difícil pensar en alguna forma de mejorar, porque de hecho ya soy una de las mejores personas que conozco”–. Su padre, una buena persona, no es siempre coherente, de lo que Greg se aprovecha. Su madre, antigua profesora de preescolar y escritora en el periódico sobre temas educativos, usa unos métodos educativos dialogantes y piensa que comprende a su hijo. A su hermano pequeño se le consienten cosas que a Greg no y su hermano mayor es un gamberro que no le pasa una. La relación con su mejor amigo, un chico torpe pero adinerado llamado Rowley, sufre vaivenes.

Los golpes de humor son continuos y, en ocasiones, desternillantes. No es que siempre suban el nivel, e incluso alguna vez claramente lo bajan, pero, por lo menos, a Greg le repelen ciertas formas groseras de comportarse (sobre todo cuando la víctima es él, claro). Una de las razones de su éxito entre lectores niños, y no tanto niñas, se debe a que la perspectiva es la de un chico, que actúa como tal y que se bandea como puede ante la educación que recibe. Y precisamente aquí está su principal interés: las narraciones muestran, sin concesiones, cómo las teorías educativas, en especial las malas, marcan el curso de muchas actuaciones y cómo los chicos, aunque a veces sea confusamente, perciben la estupidez de algunas cosas que se les dicen o se les mandan.

Así, Greg cuenta cómo, en el instituto, todos los años les ponen la película “Es estupendo ser uno mismo”: “viene a decir que está bien ser como eres y no tienes por qué cambiar. Para ser sincero, me parece un mensaje estúpido para transmitir a los chicos, en especial a algunos”. Otra vez, a propósito de la asignatura Salud Avanzada, “que incluye material de alto secreto para el que por lo visto hasta ahora no se pensaba que estuviéramos preparados”, señala que no va a describir el video que les pusieron, “porque era bastante asqueroso. En realidad, parte de ese material no tiene demasiado que ver con un aula de clase”.

Hace notar la insistencia de su madre en que su padre, su hermano Rodrick y él hagan cosas juntos para “crear ‘vínculos afectivos’ entre los tres”, sin comprender que no están hechos para esa relación de ‘coleguismo’, lo que produce “situaciones realmente incómodas”. Cuando sus padres le mandan a la piscina municipal, “una de las experiencias más traumáticas de mi vida”, y los dibujos le muestran a él rodeado de tipos peludos en las duchas, se comprende bien que diga: “no veo por qué mamá y papá se molestan en protegerme de las películas de terror y cosas así, si luego permiten que me exponga a algo mil veces más horroroso”.

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Los libros que componen estrictamente la serie del Diario de Greg (Diary of a Wimpy Kid) son: Un pringao total (Diary of a Wimpy Kid, 2007); La ley de Rodrick (Rodrick rules, 2008); ¡Esto es el colmo! (The Last Straw, 2009); Días de perros (Dog Days, 2010); La cruda realidad (The Ugly Truth, 2010). Barcelona: Molino, 2008, 2009, 2009, 2010, 2010; 218 pp.; trad. de Esteban Morán; ISBN: 978-84-98672220; 978-84-98674019; 978-84-27200074; 978-84-27200302; 978-84-27200692. En inglés ha salido el sexto en noviembre: Cabin Fever (2011).


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