Ratzinger no paró el proceso contra un sacerdote de California

Viena. La agencia de prensa austríaca APA publicó el 12 de abril un interesante análisis lingüístico y jurídico del caso de abuso sexual Kiesle en California. Aquel asunto había sido presentado por los medios anglosajones la semana anterior (el día 9 de abril) como una “pistola humeante” contra Joseph Ratzinger, pero varios analistas señalan que precisamente aquel caso demuestra lo contrario: que el entonces cardenal Ratzinger no tan sólo no intentó disimular el escándalo, sino que fue él quien hizo posible la sanción canónica definitiva contra el clérigo.

Ratzinger no retrasó el proceso para expulsar al acusado del estado clerical, sino la solicitud del mismo implicado de que se le dispensara del celibato

Esto es lo que se desprende de las declaraciones hechas por el periodista Michael Sean Winters (publicadas en el semanario America) y por los profesores de Marco V. Fabbri (biblista y filólogo) y Davide Cito (canonista) de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, publicadas el 14 de abril por la agencia Kathpress de Viena.

El sacerdote Stephen Kiesle, de la diócesis de Oakland, había abusado varias veces de menores de edad y había sido condenado por un tribunal estatal. Su obispo, John Cummins, había apartado a Kiesle del trabajo pastoral y dirigido una petición al entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Ratzinger, para que Kiesle fuera dispensado del celibato. Como obispo, Cummins podía haber expulsado a Kiesle del estado clerical, pero no dispensarle del celibato. Según Winters, en su petición el obispo no había precisado del todo la gravedad del crimen cometido.

Tanto Winters como Fabbri y Cito señalan que la respuesta de Ratzinger al obispo (en 1985) se refiere sólo a la dispensa del celibato. Ratzinger rechazó la petición y ordenó un examen más detenido.

Antes del año 2001, la Congregación para la Doctrina de la Fe no tenía la competencia exclusiva para casos de abuso sexual de menores. Winters señala además que el supuesto intento de Ratzinger de encubrir el escándalo hubiera sido absurdo, puesto que todos los medios de California habían informado ampliamente sobre el caso.

Fuente interesada

En unas declaraciones publicadas por Kathpress, Fabbri critica la mala traducción de la carta latina de Ratzinger a Cummins. Quizás esto fue la principal causa de los malentendidos. La carta fue traducida para la agencia Associated Press por un profesor del departamento de filología clásica de la Universidad de Southern California, que por lo visto no está familiarizado con el latín eclesiástico. La carta fue facilitada a Associated Press por una fuente interesada: el abogado Jeff Anderson, que representa a algunas víctimas de Kiesle en un pleito civil, y que había entregado al New York Times los documentos del caso Murphy (cfr. Aceprensa, 28-03-2010 y The Wall Street Journal, 6-04-2010).

En el despacho de la AP del pasado nueve de abril se decía que la diócesis de Oakland había presentado a la Congregación de la Fe una solicitud de Kiesle para que se le “librara de las obligaciones del estado clerical”. (the removal from all priestly burdens). Una traducción correcta de la carta permite advertir que el objeto del procedimiento no era la expulsión del estado sacerdotal (dimissio), sino simplemente la dispensa (dispensatio) de las obligaciones anejas al sacerdocio, especialmente el celibato. Una dimissio es una pena canónica, mientras que la dispensa es una excepción a una ley para un caso determinado. Esta interpretación se deduce asimismo de las mismas palabras utilizadas por Ratzinger, que califica a Kiesle de orator (solicitante) y no de pars conventa (demandado o acusado).

Fabbri y Cito coinciden en que la negativa se basa en dos argumentos: “Por una parte, el sacerdote era demasiado joven (había sido ordenado a los 25 años y entonces tenía 39 años de edad) y el caso tenía que ser examinado más detenidamente, lo cual requería más tiempo. Por otra parte, el bien de la Iglesia universal y del solicitante exigía que se sopesara más cuidadosamente el daño que la concesión de la dispensa pudiera causar a la comunidad de fieles.

Para no premiar a un criminal

Como señala Cito, la dimissio es una de las más penas más fuertes con la que puede ser castigado un sacerdote católico., Y una de las causas de la expulsión es precisamente el abuso de menores (canon 1395, 2 del Código de Derecho Canónico). El expulsado pierde todos derechos y obligaciones que se desprender el estado sacerdotal, a excepción del celibato (canon 291), que no se concede automáticamente con la expulsión, sino que requiere una dispensa adicional. Esto implica naturalmente que sin dispensa de la Santa Sede un sacerdote expulsado no puede contraer matrimonio eclesiástico. La dispensa no es una pena, sino una relaxatio disciplinae ad casum (una relajación de las normas para un caso concreto).

Fabbri añade: “Esta es la causa por la cual no se concede de forma automática la dispensa del celibato. De otra forma, un clérigo al que se le hubiera denegado una vez la dispensa del celibato, no tendría más que cometer un delito castigado con la dimisión para conseguir la dispensa que le había sido negada. En tal caso la Iglesia premiaría a un criminal accediendo a sus deseos”.

La segunda razón mencionada se refiere evidentemente a las disposiciones más severas que había introducido en 1980 el Papa Juan Pablo II, siendo Ratzinger prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Aquellas disposiciones prevén que no se dispense del celibato a nadie que tenga menos de 40 años. “Antes se concedía la dispensa de la promesa solemne con más facilidad, porque se partía de la base de que el solicitante había ya dejado de observar el celibato”, vienen a decir tanto Fabbri como Cito. Pero el Papa Juan Pablo II decidió limitar estas facilidades, introduciendo el límite de los 40 años: “se quería evitar la impresión de que la Iglesia fomentaba el desorden sexual del clero”.

Sobre la base de la decisión de Ratzinger fue posible continuar el juicio que estaba ya en marcha contra Kiesle, de tal forma que en 1987 pudo ser finalmente excluido: “La solicitud atenuante de la diócesis fue rechazada por Ratzinger y así fue posible terminar el proceso como debía ser: con la expulsión del clérigo”.


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