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El Observatorio

El negocio de la fertilidad


Si desde hace años los laboratorios farmacéuticos hacen negocio con la anticoncepción, ahora los inversores están inyectando mucho dinero en compañías que prometen ayudar a la gente a concebir. The Economist1 cuenta el boom del negocio de la fertilidad.


Hoy en EE.UU. uno de cada 60 nacimientos se debe a la FIVET y a otros tratamientos de fecundación artificial. En Dinamarca, Israel y Japón la cifra es de uno cada 25. Habida cuenta del amplio margen de ganancias –en torno al 30% en EE.UU. por un ciclo de FIV valorado en 20.000 dólares– y de que el deseo de tener hijos es inmune a la recesión, se comprende la excitación de los inversores. En 2018 las empresas de fertilidad recibieron 624 millones de dólares de fondos de inversión y de capital riesgo, mientras que en 2009 fueron menos de 200 millones, según datos de Pitchbook.

Las inversiones se dirigen no solo a clínicas de tratamiento de la infertilidad, sino también a la preservación de la fertilidad (conservación de óvulos), y a todo lo que puede estar relacionado con la concepción, diagnóstico y tratamiento.

El mercado más maduro es el de tratamiento de la infertilidad, 41 años después del nacimiento de la primera niña probeta. Los fondos de inversión piensan que se pueden reducir costes, adquirir más datos de pacientes y construir marcas, como ya se hizo con las clínicas dentales. Por todas partes están surgiendo clínicas con nuevos servicios caros, desde examen genético de embriones a intervenciones quirúrgicas para que el embrión logre implantarse.

El segundo tipo del negocio de la fertilidad –preservación– ha experimentado un avance por los nuevos procedimientos que han aumentado la supervivencia de las células sexuales tras la descongelación. Congelar sus óvulos permite a mujeres jóvenes y sanas la posibilidad de tener un hijo a mitad de la treintena. El procedimiento ha crecido desde que la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva le retiró el calificativo de “experimental”, y en 2017 casi 11.000 mujeres en EE.UU. congelaron sus óvulos. Ahora el mercado pretende ampliarse a los hombres, ofreciendo la posibilidad de congelación de esperma.

El negocio de la fertilidad ofrece también diagnósticos para detectar signos hormonales de potenciales problemas y test de marcadores genéticos asociados con problemas de fertilidad.

Clínicas en EE.UU. y en otros sitios están siendo acusadas de exagerar su tasa de éxito en los tratamientos de infertilidad. También de desinformar a los consumidores con las técnicas de congelación de óvulos, que son caras, invasivas y a menudo ineficaces. En Gran Bretaña en 2016 solo nacieron 41 niños a partir de óvulos conservados de la madre, lo cual es demasiado poco para realizar estadísticas fiables.

Cuando Apple y Facebook ofrecieron a sus empleadas en 2014 la posibilidad de financiar la congelación de óvulos, esta generosidad fue criticada. En vez de empoderar a las mujeres, esto las presionaría para aplazar la maternidad. Estas críticas no han impedido que más de una de cada cuatro empresas americanas importantes financien hoy algún tratamiento de infertilidad, que en muchos estados no están cubiertos por los seguros médicos. Pero los abogados de la igualdad de género tienen motivos para observar que algunos beneficios –como la congelación de óvulos– son una distracción. Y que no sustituyen a la necesidad de eliminar la penalización a la maternidad en el trabajo.