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El Observatorio

Necesitamos “resiliencia digital”


Belinda Parmar, entusiasta de la tecnología y fundadora del blog Lady Geek, ha reconsiderado su relación y la de sus hijos con la tecnología y ahora opta por un enfoque más cauteloso. Dos psicólogos discuten estas preocupaciones y ofrecen consejos para mejorar nuestro uso de la tecnología.


Belinda Parmar ha dedicado su vida a acercar la tecnología a las mujeres y a las niñas. Ahora, en un artículo paraThe Guardian1, habla también de los riesgos que acompañan al uso excesivo de la tecnología y enseñar cómo pueden superarse estos retos.

Su dedicación a la tecnología comenzó cuando intentaron venderle un móvil rosa para mujeres. “Eso era ridículo. Estaba tan enfadada que llegué a casa y abrí un blog”. El blog sirvió para abrir una conversación sobre el sexismo en la tecnología y Parmar se dedicó a asesorar a las empresas sobre cómo podían hacer mejores productos para mujeres y a motivar a las niñas a entrar en la industria. “Para mí, la tecnología es un equilibrador. No necesitas dinero ni estatus; permite una sociedad más igualitaria y diversa. Esa pequeña burbuja en la que la mayoría de nosotros vivíamos estalló y eso es maravilloso”.

Debemos adquirir “resiliencia digital” para aprender a usar la tecnología de manera medida y controlada

Sin embargo, algunos aspectos de su relación con la tecnología no eran tan maravillosos. Se dio cuenta de que muchas veces la utilizaba para alimentar su ego y le quitaba tiempo de otras cosas importantes en su vida. Además, a medida que sus hijos crecían, empezó a preocuparse por la relación de ellos con los videojuegos. “La tecnología puede quitar el control a los padres. No puedo competir con esos niveles de dopamina”. Fue en este momento cuando empezó a buscar alternativas que le permitieran controlar mejor el tiempo que ella y sus hijos pasaban en los aparatos.

Pocos adictos

Mark Griffiths, psicólogo y director de la Unidad Internacional de Investigación de Videojuegos2, explica que, aunque se hable mucho de adicciones a la tecnología, realmente son muy raras: “Para que alguien sea genuinamente adicto a la tecnología, esta debe ser la cosa más importante de su vida –hasta el punto de que descuide todo lo demás–, y muy pocas personas cumplen este requisito”. Este año, la Organización Mundial de la Salud agregó la adicción a los videojuegos3 a su lista de trastornos psíquicos. Griffiths pone cuidado en matizar. Explica que la adicción no se define por la cantidad de tiempo que se dedica a ella, sino más bien el contexto en el que se realiza. Advierte a los padres contra la posibilidad de considerar patológicos comportamientos que no lo son, y lo achaca a la brecha generacional. Además, dice que “algunos padres usan las redes sociales tanto como sus hijos y no deberían sorprenderse cuando los niños copian sus comportamientos”.

Por otro lado, Richard Graham, un psiquiatra de adolescentes y niños que dirige el Sistema de Adicción a la Tecnología en el hospital Nightingale, explica que hay otras maneras, además de la adicción, de explicar nuestra complicada relación con la tecnología. En los adolescentes, por ejemplo, puede tener cabida una crisis de identidad. “Para estos jóvenes, los videojuegos y la tecnología no son solamente divertidos: son negocios. Es una manera de tener éxito y adquirir capital digital que luego se torna en autoestima”, explica el artículo.

Todos estos expertos coinciden en que la abstinencia no es la solución, sino que más bien debemos construir lo que llaman “resiliencia digital” para aprender a usar la tecnología de manera medida y controlada. “No debemos hablar de desintoxicación sino más bien de descompresión digital”, dice Graham. Para ello recomiendan el plan familiar4 de la Academia de Pediatría Americana (APA), que ayuda a los padres a medir las horas de sueño y organizar periodos sin pantallas antes de irse a la cama, así como otros tiempos “limpios” en el día y zonas “limpias” en la casa.

“Algunos padres usan las redes sociales tanto como sus hijos, no deberían sorprenderse cuando los niños copian sus comportamientos”

Graham ofrece cuatro pistas para adquirir “resiliencia digital”. Primero, resalta la unidad de la familia. Pueden usar planes como el de la APA, pero toda la familia debe tomar parte, todos deben colaborar. En segundo lugar, sugiere planificar actividades fuera de casa. “Ir al cine, por ejemplo. Es una experiencia compartida y con una narrativa que mueve la imaginación”. La tercera recomendación es variar la dieta digital. Cambiar de plataformas, de juegos o de aplicaciones. “Usar diferentes plataformas es muy importante, pues mantiene la sensación de poder moverse entre ellas y de ser capaz de hacer algo, detenerse, y luego seguir adelante”. Finalmente, recomienda vivir un estilo de vida sano: dormir suficiente, comer bien, beber agua y hacer un poco de ejercicio.