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“El Estado Islámico no distingue entre católicos y ortodoxos”



Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 36/151

Ser árabe, cristiano, y vivir en Israel, es más o menos como ser pan en la mesa de un celíaco: no encaja, no apetece. Pero el “trigo” está en esa tierra desde el instante mismo en que Jesús plantó la semilla. Y allí quiere permanecer.

En la Casa Árabe de Madrid hablo con el joven profesor Bishara Ebeid, doctor en Patrística por el Pontificio Instituto Oriental de Roma, que ha venido para participar en el evento “Oriente cristiano y mundo árabe”. Él es de ese grupo, de esa “manada pequeña”: es cristiano y de origen palestino, aunque nació en las inmediaciones de Nazaret, en Israel. Por ello no deja de molestarse cuando, en sitios como el aeropuerto de Tel Aviv, siente el peso de la discriminación.

El gobierno de Benjamin Netanyahu ha dado a los cristianos árabes la posibilidad de proclamarse ‘arameos’

“He vivido en Europa diez años, y cada vez que tengo que volar desde Israel, me someten a un control exhaustivo ¡siendo palestino israelí! Nací en una familia árabe y por eso ‘tengo que ser controlado’, y esperar en una terminal especial, mientras veo a los judíos pasar rápidamente. Yo soy ciudadano israelí, pero veo cómo se duda de mi ciudadanía. Sí, me siento muy discriminado en lugares así”.

Según cifras oficiales, en el pastel étnico-religioso que conforma la sociedad israelí el 76% de la población es judío; el 16,2%, musulmán, y apenas el 2,1% es cristiano. Pero la demografía ha sido tradicionalmente una obsesión para los sucesivos gobiernos del “Estado judío”, preocupados porque la población árabe –la de Gaza y Cisjordania, sumada a la que vive dentro de las fronteras israelíes–, sobrepase a la judía, lo que puede ocurrir tan pronto como en 20162. Por ello, hay “movimiento”…

¿Quiere usted ser arameo?

“Recientemente hubo una polémica en Israel sobre cómo lidiar con los cristianos y con su identidad —refiere el Dr. Ebeid—. El 80% de los cristianos de Israel son árabes israelíes, y el 20% restante son inmigrantes de diversas nacionalidades. A ese 80%, el gobierno de Benjamin Netanyahu les ha dado la posibilidad de formar una nacionalidad3 separada dentro de la población israelí y proclamarse ‘arameos’. Todo cristiano en Israel tiene ahora el derecho de ir, cambiar, y dejar de ser árabe, palestino”.

“Pero ser ‘arameo’ significaría pertenecer a una nueva nacionalidad que no está reconocida a día de hoy en el mundo. Hay, por tanto, una división entre los cristianos de Israel entre los que aceptan esa iniciativa, los que no la aceptan, y los que consideran su historia como parte de la historia de Palestina. Se constata así, por parte de las autoridades israelíes, una política de “divide y vencerás”, un intento de fragmentar a la comunidad cristiana, sobre la que tendría un mayor control, y de separar a los cristianos de la cuestión palestina para hacerla una cuestión religiosa. Quieren que se diga: ‘Esto es un problema entre islamismo y judaísmo, y no entre Israel y Palestina’”.

El temor a los musulmanes fundamentalistas

El intento de diluir la identidad cristiana es uno de los problemas, pero para los seguidores de Jesús que viven en toda la Palestina histórica hay varios contratiempos de los que el hecho de ser minoría no es, ni de lejos, el más grave.

“Entre los cristianos palestinos es evidente la preocupación por la violencia que los radicales musulmanes podrían desatar contra ellos”

“En los territorios palestinos, el problema son los musulmanes fundamentalistas. Hay temor porque en Gaza, por ejemplo, ha habido en estos tiempos manifestaciones en apoyo al Estado Islámico, en las que han desfilado con la bandera de ese grupo extremista. Y así como hay simpatizantes del EI en la Franja, también hay grupos fundamentalistas en Israel”.

“Entre los cristianos palestinos es evidente la preocupación por la violencia que estos radicales podrían desatar contra ellos, y creo que lo que aumenta ese miedo son las imágenes que ven de lo que les está sucediendo a los cristianos en Siria e Iraq. En el propio Israel tenemos un movimiento islámico que espera que el “califato” del EI llegue a Jerusalén y la proclame como su capital. Escuchar este tipo de soflamas lleva a los cristianos a sentir que están en problemas”.

Tensiones entre las comunidades cristianas

Los obstáculos, sin embargo, no solo son externos. También subsisten tensiones entre las comunidades cristianas de la zona, a pesar de que la palabra “unidad” se gasta en las bocas de muchos:

“Los cristianos palestinos pertenecen a la misma Iglesia: el Patriarcado de Jerusalén, que agrupa a los de tres países: Palestina, Israel y Jordania, y por tanto, tienen fuertes nexos entre sí. Hay incluso familias cristianas de las que una parte está en territorio palestino, otra en Israel y otra en Jordania. No obstante, a veces se suscitan diferencias y cierto antagonismo entre cristianos de diversas confesiones, especialmente entre los de iglesias orientales –como los ortodoxos griegos y los armenios– por el statu quo de los Santos Lugares. Todo ello tiene un efecto muy negativo en la vida cotidiana de los cristianos, que en varios sitios, si quieren celebrar unidos las fiestas de Pascua y Navidad, tienen que hacerlo en las casas, porque las iglesias no celebran esas ceremonias litúrgicas en su espacio”.

“Creo que la Iglesia pierde con esto. Los líderes eclesiales tienen que trabajar por la unidad de los cristianos, y no solo hablar de ella. Los fieles en Palestina, Israel y todo Oriente Medio necesitan esa unidad porque tienen el mismo destino. De hecho, el EI no distingue entre ortodoxos y católicos”.

En un contexto geográfico-religioso tan explosivo, la mayor aspiración no puede ser otra que la paz, y así lo reconoce el académico palestino: “Queremos un buen futuro para nuestros hijos, sin violencia de ningún tipo, y deseamos que cese la hostilidad hacia Palestina. La mayoría de los cristianos en Israel quieren que su país reconozca al otro Estado, y también que se posibilite a los cristianos árabes israelíes el permiso para volver a sus antiguas aldeas, de donde fueron expulsados en 1948, y a donde esperan regresar, pues nunca el ejército israelí les ha dado el permiso para ello. Sí: nuestro mayor deseo ante la realidad de tanto crimen y fanatismo es que haya paz en nuestra región. Es por lo que rezamos”.