Polémica en Europa sobre el descanso dominical

Un estudio británico advierte que la apertura de comercios en domingo dañaría el empleo en el sector

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En varios países europeos se discute sobre el respeto del descanso dominical, especialmente ante las presiones de los grandes comercios, que desean aprovechar todos los días de la semana para vender.

En Alemania, el gobierno ha aprobado recientemente un proyecto de ley que establece como regla general la jornada de ocho horas con domingos y festivos libres, aunque con excepciones. Las razones que pueden justificar una excepción son el riesgo de perder materia prima perecedera, o la amenaza a los empleos a causa de la competencia.

En Francia, ha avivado la polémica el Megastore que la multinacional discográfica Virgin tiene en París, que ha desobedecido la decisión municipal de denegarle la renovación del permiso anual requerido para abrir en domingo. La ley francesa prohíbe que los comercios abran los domingos, aunque faculta a las autoridades locales para establecer exenciones.

Por su parte, el Tribunal Constitucional español ha declarado, en una sentencia de mediados de julio, que las comunidades autónomas carecen de competencia para fijar horarios comerciales. En la decisión se aduce que ya existe una normativa estatal de carácter básico, que estipula que el horario de apertura y cierre de establecimientos comerciales será de libre fijación por parte de las empresas en todo el territorio nacional. Las normativas autonómicas anuladas consideraban inhábiles los domingos y festivos, con alguna excepción.

En Gran Bretaña, el gobierno conservador pretende reformar las leyes sobre el trabajo en domingo en Inglaterra y Gales (en Escocia los comercios tienen libertad de horarios). Actualmente se permite la apertura de comercios en días festivos en algunos casos. El primer ministro John Major se ha declarado partidario de la completa libertad de horarios, pero los parlamentarios podrán elegir entre cuatro opciones presentadas por el gobierno, que van desde la desregulación completa hasta la prohibición general de apertura en domingo.

Algunas asociaciones de comerciantes presionan en contra de la liberalización. En pleno debate público, antes de que el Parlamento estudie la reforma, se ha publicado un informe de London Economics sobre las consecuencias de la libertad de horarios para el empleo en los comercios. Varias organizaciones de consumidores y el gobierno afirman que permitir la apertura en domingo supondrá un ahorro para las familias y estimulará la actividad económica. Pero el informe advierte que bajarían los salarios de los empleados en las tiendas, porque muchos comercios pequeños cerrarían al no poder competir con las grandes cadenas de establecimientos, y éstas quedarían en una posición dominante para imponer sus ofertas salariales. Además, el informe calcula que desaparecerían 20.000 empleos de los 1,7 millones que actualmente mantiene el sector.

Como afirma Graham Searjeant en The Times (14-VI-93), "el informe dice que cuanto mayor sea la desregulación, más fuerte será la tendencia a la concentración del comercio minorista. Cuanto más se regule, más resistirán las pequeñas tiendas familiares y los comerciantes independientes". El cambio más importante que traería la desregulación comercial sería la transformación de muchos empleos en puestos de dedicación parcial, modalidad de contrato muy favorecida por las grandes cadenas de tiendas. Esto supondría un aumento de la proporción de puestos de trabajo insuficientes por sí solos para mantener una familia. Estos empleos a tiempo parcial en muchos casos no son una segunda fuente de ingresos, sino la única. Searjeant también aventura en su artículo que, por ese motivo, la libertad de horarios dañará en la estabilidad de muchas familias, y hará que un número mayor de familias monoparentales tengan que acogerse a la seguridad social.


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