El Observatorio

Matrimonio gay e intolerancia

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Hace pocas semanas el inventor del lenguaje de programación Java, Brendan Eich, recién nombrado director general de Mozilla, dimitió de su puesto por las amenazas de boicot a su compañía. Su pecado había consistido en donar años atrás 1.000 dólares a la campaña sobre la llamada Proposición 8 que definía en California el matrimonio solo como la unión de hombre y mujer, propuesta que fue aprobada en referéndum y rechazada después por los tribunales.

Esta caza de brujas por motivos ideológicos ha sido considerada un error incluso por partidarios del matrimonio gay, que la achacan a un exceso de celo de algunos de sus correligionarios. Sin embargo, como pone de manifiesto el británico Brendan O’Neill en un agudo artículo publicado en Spiked (30-04-2014), “el trato dado a Eich se entiende mejor como la lógica conclusión de lo que desde el principio ha sido un movimiento intolerante”.

“Esto es algo de lo que se prefiere no hablar en el lobby del matrimonio gay, o en más amplios círculos políticos y mediáticos: el hecho de que en cada jurisdicción en la que se ha introducido, el matrimonio gay ha sido fuertemente ayudado por el autoritarismo y la coerción”.

La coerción ha sido en algunos casos “blanda”, cuando los disidentes han sido caracterizados como homófobos, y quizá boicoteados por agitadores, obligándoles a elegir entre cambiar sus ideas o quedarse sin derecho a un puesto respetable en la sociedad. En otros casos, se ha utilizado la fuerza del Estado, para amenazar con la legislación anti-discriminación a los profesionales que, en ejercicio de su libertad, han querido no prestar servicios en una boda gay. En Gran Bretaña, tras aprobarse el matrimonio gay, una de las primeras consecuencias han sido las acusaciones contra las escuelas católicas de estar “adoctrinando políticamente” a sus alumnos por hablarles solo del matrimonio entre hombre y mujer.

Brendan O’Neill menciona también la treta, que ya Orwell desveló, de cambiar el lenguaje para modelar la realidad. Palabras como marido y mujer, incluso madre y padre, han sido sustituidas por lo que los burócratas califican de lenguaje ‘neutral al género’ –traducción: totalmente impersonal– con términos como “pareja” o “padres”, cuando no “progenitor_1”y “progenitor_2”.

El escritor se pregunta por qué el tema del matrimonio gay se ha convertido en un asunto “intolerante y estridente”. No es porque algunos de sus partidarios se hayan pasado de rosca; “es porque el matrimonio gay no tiene que ver realmente con ampliar la igualdad, y mucho menos la libertad; hay que verlo más bien como el mecanismo principal con el que la sociedad moderna desafía las normas culturales tradicionales”.

“El matrimonio gay –escribe O’Neill– es el mecanismo perfecto a través del cual nuestras elites relativistas y post-tradicionales pueden a la vez denigrar sutilmente los antiguos valores y también imponer un conjunto de nuevos valores, dirigidos a presentar como problemática la vida familiar y matrimonial tradicional, y como buenas unas relaciones humanas más individualistas y cambiantes. Y precisamente porque se trata fundamentalmente de erradicar los viejos valores morales y de imponer unos nuevos, su actitud raya continuamente en la coacción, con una hostilidad hacia sus oponentes que tiende a amenazarlos, no solo como equivocados o molestos, sino como verdaderos enemigos ideológicos que se oponen al intento de la elite de imponer una nueva moral”.

O’Neill señala cómo “se ha pasado de despenalizar la homosexualidad, lo que fue una buena idea, a santificarla, lo que resulta bastante raro”. “En un breve periodo de tiempo, históricamente hablando, la homosexualidad ha pasado de ser un delito a ser posiblemente el modo de vida más celebrado en las modernas naciones de Occidente”. Y, en consecuencia, los que no están dispuestos a sumarse a la celebración solo pueden esperar censura o alguna otra forma de castigo, incluso legal.

Estos son herejes morales. “Así que cuando uno critica el matrimonio gay, no está solo criticando el matrimonio gay, sino que está amenazando el nuevo marco moral forjado por aquellos que supuestamente saben mejor que nosotros cómo deberían y cómo no deberían ser nuestras vidas privadas y nuestras relaciones”.

 


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