El Observatorio

Francisco pide a los médicos católicos que se impliquen en los debates bioéticos

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En el ámbito médico, la mentalidad utilitarista puede llevar al menosprecio de aquellas vidas que se perciben como una carga. Frente a ello, el Papa pide a los médicos católicos que se formen e intervengan en los debates bioéticos para que ninguna vida humana quede abandonada a su suerte.

En vísperas del Congreso “La santidad de la vida y la profesión médica: de la Humanae vitae a la Laudato si’”, organizado por la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas en Zagreb (Croacia), el Papa recibió en audiencia a una delegación de participantes y les invitó a comprometerse en “una continua formación espiritual, moral y bioética para que lleven los principios evangélicos a la práctica médica”.

La identidad católica no obstaculiza la colaboración con quienes, al margen de sus creencias religiosas, también “reconocen la dignidad y la excelencia de la persona humana como el criterio de su actividad”. En cambio, enriquece la práctica médica, con la invitación a respetar y cuidar toda vida humana “por muy débil e indefensa que sea, y aunque no esté desarrollada ni avanzada”. Además, anima a comprender “las leyes de la naturaleza para servir mejor a la vida”, dice Francisco remitiendo a la Humanae vitae (n. 24), de Pablo VI.

Como ya hizo en su encíclica Laudato si’ (cfr. n. 122), el Papa lamenta la difusión del relativismo utilitarista en la sociedad actual. “El campo de la medicina y la salud no se ha salvado del avance del paradigma cultural tecnocrático, del culto al poder humano sin límites y del relativismo práctico, donde todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses”.

En este contexto, los médicos católicos están llamados a “afirmar la centralidad del paciente como persona y de su dignidad, con sus derechos inalienables, ante todo el derecho a la vida. Hay que resistir la tendencia a degradar al enfermo como si fuera una máquina que reparar, sin respetar los principios morales, y explotando a los más débiles mediante el descarte de todo aquello que no corresponde a la ideología de la eficiencia y el beneficio. La defensa de la dimensión personal del paciente es esencial para humanizar la medicina, también en el sentido de una ‘ecología humana’”.

Por eso, les invita a participar activamente en esa defensa “en sus respectivos países y en el ámbito internacional, interviniendo tanto en ambientes especializados como en los debates en torno a leyes sobre temas éticos sensibles como, por ejemplo, la terminación del embarazo, el final de la vida y la medicina genética”.

Asimismo, les pide que garanticen “la defensa de la libertad de conciencia, tanto de los médicos como del resto de los profesionales de la salud”. Y en lo que parece una alusión a los debates sobre la eutanasia y el suicidio médico asistido, afirma: “No es aceptable que su trabajo sea vea reducido al de simple ejecutores de la voluntad del paciente o de las necesidades del sistema sanitario en que trabajan”.

Dado la amplitud de su tarea, el Papa ve “deseable que las actividades de las asociaciones de médicos católicos sean interdisciplinarias” y que trabajen conjuntamente con quienes se dedican a la pastoral de la salud. “Sean pastores no solo del cuidado sino también de la caridad fraterna, transmitiendo a cuantos se les acerquen, además del aporte de sus conocimientos, la riqueza de su humanidad y de su compasión evangélica”.


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