Francia: presidente sin diputados

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La gran novedad de las elecciones a la presidencia francesa ha sido que tres de los cuatro candidatos que tenían posibilidades de llegar a la segunda vuelta –Emmanuel Macron, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon– no son de ninguno de los grandes partidos presentes en el Parlamento. A diferencia de los rivales republicano y socialista, no proceden del “sistema”, no son de los que siempre han mandado, y esto ha sido una importante baza a los ojos de gran número de electores decepcionados de la política. Así parecen corroborarlo los espectaculares ascensos de Macron y Mélenchon.

En cambio, no ha pasado la criba ninguno de los candidatos pertenecientes a las principales fuerzas parlamentarias, los socialistas (Benoît Hamon) y los republicanos (François Fillon), que entre las dos tienen más de ocho de cada diez diputados de la Asamblea Nacional.

El Frente Nacional de Le Pen tiene un diputado de 577 (más un aliado de otra formación), y el partido de Macron, En Marche!, ninguno

Ahora es seguro que el próximo inquilino del Elíseo —Macron o Le Pen— no pertenecerá a uno de los partidos “desgastados”. Promete una nueva política que demanda el pueblo, un nuevo aliento, una reforma radical. Pero ¿cómo lo hará? No podrá sin concurso del Parlamento. Las elecciones legislativas de junio próximo deberán dar al vencedor una “mayoría presidencial” que lo apoye. El jefe del Estado puede, en teoría, nombrar primer ministro a quien quiera; en la práctica, si el designado no tiene el apoyo mayoritario de la Asamblea, no podrá sacar adelante sus proyectos de ley y estará expuesto a una moción de censura a la que no tendría posibilidad alguna de sobrevivir.

Mayoría presidencial

En Francia, el presidente mismo puede suscitar la mayoría a su favor. Antes lo hacía convocando elecciones legislativas anticipadas, para aprovechar su reciente victoria popular. Así hizo François Mitterrand en 1981 y 1988. Pero si a mitad de su mandato, sus rivales ganaban los comicios parlamentarios, se producía la cohabitación, mucho menos probable desde que se sincronizaron unas y otras elecciones, en 2002, al fijar en cinco años la periodicidad de las dos. De hecho, desde entonces, la nueva Asamblea siempre ha salido de la misma tendencia que el flamante presidente: Jacques Chirac en 2002, Nicolas Sarkozy en 2007, François Hollande en 2012. Y en la primera y en la tercera ocasión, eso supuso un cambio de mayoría.

Sin embargo, ¿cómo puede suceder lo mismo esta vez? En la Asamblea saliente, el Frente Nacional (FN) de Le Pen tiene un diputado de 577 (más un aliado de otra formación), y el partido de Macron, En Marche!, ninguno (en 2012 no existía). Parece imposible que las legislativas den a cualquiera de los dos una mayoría propia.

El problema del Frente Nacional

Es verdad que el sistema electoral mayoritario a dos vueltas perjudica al FN. De hecho, este partido solo obtuvo un número superior de diputados (35) en los comicios de 1986, los únicos en que los escaños se han adjudicado de modo proporcional. Por la misma razón, en el Parlamento Europeo tiene 22 diputados, más de la cuarta parte de los asignados a Francia y más que cualquier otro partido francés. Pero en este caso, el FN sale beneficiado por la circunscripción única. Aunque ahora ha obtenido los mejores resultados de su historia en unas presidenciales (21,3%), y Le Pen ha quedado primera en más departamentos que nadie, su fuerza está en el norte y el este, en regiones menos pobladas que aquellas donde ha ganado Macron, que al final le ha sacado casi un millón de votos de ventaja (2,7 puntos).

Los resultados del 23 de abril no son directamente extrapolables a las legislativas. El año pasado, un estudio de Opinionway daba al FN hasta 60 diputados en la próxima Asamblea Nacional. Sería un récord para el partido, pero estaría muy lejos de dar una mayoría presidencial.

El Frente Nacional, aunque tenga cada vez más electores a favor, sigue con una mayoría en contra, que en la segunda vuelta votará a cualquier otro candidato antes que al lepenista

El problema del FN no es simplemente el sistema mayoritario. En las legislativas de 2012, el Frente de Izquierda de Mélenchon sacó la mitad de votos que el FN en la primera vuelta y terminó con 10 diputados. Pero el FN, aunque tenga cada vez más electores a favor, sigue con una mayoría en contra, que en la segunda vuelta votará a cualquier otro candidato antes que al lepenista. Y eso no se debe al sistema, sino a las preferencias de los electores.

Presidencia a lo De Gaulle

Así, previsiblemente, volverá a suceder en los comicios presidenciales del 7 de mayo. Si en efecto gana Macron, habrá de procurarse una mayoría presidencial a base de republicanos y otros, quizá incluso socialistas. Puede no resultarle tan difícil, pues los partidos con más escaños –que posiblemente serán los de siempre, los del sistema– tendrán que trabajar con el presidente y aprovechar la ocasión de formar gobierno. Además, él cuenta con ello: el gran conciliador de opuestos tiene, por ideal o necesidad, un concepto de la presidencia a lo De Gaulle, por encima de los partidos.

Ahora bien, no parece fácil que el futuro primer ministro de Macron, con apoyo mayoritario en la Asamblea, vaya a sumarse sin más al programa de un presidente sin apenas diputados propios. A no ser que, de ahora a junio, En Marche! encuentre candidatos que, al rebufo de la victoria del líder, logren formar al menos el núcleo de una nueva mayoría presidencial. De momento, tiene 14.

Tampoco son imprescindibles caras nuevas. Los partidos franceses, en especial los del centro y la derecha, tienen larga experiencia de escisiones, trasvases de políticos y cambios de siglas, ocasionados a veces por las maniobras para formar una mayoría presidencial. Esto podría volver a suceder. De hecho, el único escaño de En Marche! en el Parlamento Europeo es el de una diputada que concurrió a las elecciones por el Mouvement Démocrate (el partido creado en 2007 por François Bayrou –antes crítico y ahora aliado de Macron– con lo que quedaba de la UDF tras la división de cinco años antes, cuando Chirac y Alain Juppé fundaron la UMP para procurar una mayoría parlamentaria al primero, recién reelegido presidente). Si se repiten tales migraciones, la nueva política inaugurada por el outsider Macron consistiría en más o menos los de siempre, con otra etiqueta.

Al final, por más que esté en crisis la representación democrática, la apelación directa al pueblo no es suficiente.


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