Francia: movilizaciones contra el matrimonio gay

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Este pasado fin de semana miles de franceses han salido a la calle para manifestar su oposición a la reforma del Código civil que plantea François Hollande para considerar matrimonio las uniones homosexuales.

Los partidarios de abrir el matrimonio a las parejas homosexuales intentan presentar las protestas como un fenómeno integrista, porque, entre los promotores de las manifestaciones del domingo 18, estaba el Instituto Civitas, próximo a la Fraternidad sacerdotal san Pío X (lefebvriana).

Justamente para marcar la diferencia, otras asociaciones, sin connotación política y con el apoyo tácito de las autoridades católicas, convocaron sus propias demostraciones un día antes, no sólo en París, sino en otras ciudades francesas. La iniciativa se ha mostrado eficaz, aunque los recalcitrantes se empeñen en destacar el desfile en París de Civitas contra la “homofolie» (homolocura): fue mucho menos seguido, a pesar del apoyo de otras formaciones extremistas (personalidades del Frente Nacional de Le Pen acudieron a título personal).

En algún medio se destacan los incidentes del domingo, en el fondo, provocados adrede por activistas de Femen, movimiento feminista ucraniano muy activo últimamente en París. Una docena de mujeres, rodeada de periodistas, apareció con hábitos de monjas y eslóganes humorísticos. El horno no estaba para esos bollos, y los incidentes eran inevitables.

Pero mucho más importantes fueron las manifestaciones del sábado, con una participación amplia de asociaciones diversas. Se celebraron simultáneamente en una docena de ciudades, según informaba La Croix del día 17. La gente acudía en familia, uno a uno, con parroquias, etc. En París, al mediodía, entre 70.000 y 200.000 personas se reunieron en la plaza Denfert, dentro de un ambiente festivo y familiar, con abundantes coches de niños, o hijos a hombros de sus padres.

En las pancartas, textos como “Non au mariage-mirage” (No al matrimonio-espejismo), “Touche pas à ma parité” (no toques mi paridad), “Père-mère égaux et complémentaires” (alusión directa a la sustitución en el proyecto de reforma del padre y de la madre, por el genérico “parents”: progenitores).

Entre los participantes, algunos manifestaban que no se opondrían a una mejora del PACS (el pacto civil de solidaridad introducido en 1999), pero no aceptan como matrimonio las uniones entre personas del mismo sexo, sobre todo en materia de adopción: “los hijos tienen derechos, pero no existe un derecho al hijo». Entre sus derechos, el de crecer con un padre y una madre.

La mayoría de los manifestantes entrevistados por La Croix reconocían ser católicos. Pero otras personas se habían unido a sus filas, por motivos no religiosos, sino socio-culturales, incluidos alcaldes con la tricolor: está bien admitir a los homosexuales –afirmaba alguno–, “pero cambiar el matrimonio es una provocación».

A diferencia de lo que sucedería el domingo, no se produjeron las contramanifestaciones anunciadas (salvo en Toulouse). Todo discurrió con tranquilidad. Por si acaso, los organizadores habían planeado posibles reacciones, para evitar incidentes. Días antes, a través de Internet, habían difundido consejos inteligentes sobre la vestimenta del día…

Según La Croix, que utiliza las cifras oficiales obtenidas por la AFP, en París, la organización habló de 200.000 manifestantes, y la policía de 70.000. En Lyon, 27.000 personas y 22.000, según la prefectura del Ródano: el cardenal Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, hizo una breve aparición. Los manifestantes fueron entre 6.000 y 8. 000 en Marsella, 4.500 en Nantes, o 2. 500 en Rennes. Solo en Toulouse, la policía debió utilizar gases lacrimógenos para dispersar una contramanifestación no autorizada.

El punto de vista de las religiones

Además de la oposición política, se han pronunciado contra el matrimonio gay los obispos católicos, que advirtieron en una nota que el individualismo puede destruir el Derecho de familia. La Federación Protestante de Francia estima que el proyecto gubernamental “trae confusión a la simbología social y no favorece la estructuración de la familia”.

Los obispos ortodoxos han publicado una declaración en la que subrayan la importancia de la complementariedad entre hombre y mujer, querida por Dios en el matrimonio.

El gran rabino de Francia, Gilles Bernheim, expresa en un reciente libro que la equiparación de la pareja homosexual con la heterosexual “podría conducir a que se desvaneciera simbólicamente la diferencia de sexos, con un grave desconocimiento de la especificidad de la pareja hombre-mujer, y con el riesgo bien real de privar a los hijos de un derecho esencial, el de tener un padre y una madre y no un padre 1 y padre 2”.

El Islam en Francia también rechaza el matrimonio entre personas del mismo sexo. Mohammed Moussaoui, presidente del Consejo francés del culto musulmán, declara que en la tradición musulmana el matrimonio es “un pacto fundado sobre el consentimiento mutuo con vistas a establecer una unión legal y duradera entre un hombre y una mujer, con el fin de fundar una familia estable”.

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