El Papa pide más vigilancia y conversión para prevenir los abusos

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Pocos días después de la publicación de un informe sobre abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes en Pensilvania (Estados Unidos) a lo largo de siete décadas, el Papa ha escrito una carta en la que reafirma el compromiso de la Iglesia para que estos crímenes no vuelvan a repetirse ni a encubrirse. A la vez, pide a todos los fieles una “actitud orante y penitencial”.

El foco de atención de la carta está, en primer lugar, en las víctimas de los abusos y sus familiares. Francisco quiere que todos los fieles se hagan cargo de sus sufrimientos: “El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor”. A continuación, urge a reafirmar las medidas previstas por la Iglesia para luchar contra la pedofilia, mejoradas tras el estallido del escándalo en ese país en 2002.

El Papa hace notar que “la mayoría de los casos [del informe] corresponden al pasado”. No para minimizar los sufrimientos de las víctimas, “un gemido que clama al cielo” y que obliga a la Iglesia “a condenar con fuerza esas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte”, sino para evitar las acusaciones de inactividad por parte de la Iglesia tras el 2002.

“Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas”, reconoce Francisco.

Al mismo tiempo, afirma que es “consciente del esfuerzo y del trabajo que se realiza en distintas partes del mundo para garantizar y generar las mediaciones necesarias que den seguridad y protejan la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, así como de la implementación de la ‘tolerancia cero’ y de los modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos”, lo que presupone la pronta denuncia y colaboración con las autoridades civiles.

Conversión personal y comunitaria

Pero el Papa no solo se dirige a las autoridades eclesiásticas. “Conjuntamente con esos esfuerzos, es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos. Tal transformación exige la conversión personal y comunitaria”. De ahí que invite a todos los católicos “al ejercicio penitencial de la oración y el ayuno siguiendo el mandato del Señor [cfr. Mt 17,21], que despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y compromiso con una cultura del cuidado y el ‘nunca más’ a todo tipo y forma de abuso”.

Entre otras cosas, esta transformación exige desterrar “el clericalismo” en la Iglesia, una actitud “tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia”. También supone avivar en todos los fieles “la conciencia de pecado”, que ayuda “a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión”.

E insiste: “La penitencia y la oración nos ayudará[n] a sensibilizar nuestros ojos y nuestro corazón ante el sufrimiento ajeno y a vencer el afán de dominio y posesión que muchas veces se vuelve raíz de estos males. Que el ayuno y la oración despierten nuestros oídos ante el dolor silenciado en niños, jóvenes y minusválidos. Ayuno que nos dé hambre y sed de justicia e impulse a caminar en la verdad apoyando las medidas judiciales que sean necesarias”.


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