El fin del poder

The End of Power

Página 1

Autor: Moisés Naím

Debate.
Barcelona (2013).
313 págs.
21,90 € (papel) / 12,99 € (digital).
Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia.

Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 3/14

Moisés Naím, ministro de Fomento de Venezuela durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez y exdirector de la revista Foreign Policy, ha escrito un libro llamado a ser un referente en los ensayos sobre la globalización. El resultado no deja de ser una especie de elogio, pese a reconocer sus riesgos, de la “glocalización”, la combinación de lo global y lo local, característica del mundo actual. Pese a su título, no podemos decir que sea una profecía sobre el fin de los poderes establecidos en la política, la economía y la sociedad.

Vemos que el poder cambia de forma y de manos, y los poderes tradicionales, burocratizados y centralizados, se enfrentan a la competencia de una multiplicidad de actores no estatales desafiantes. En consecuencia, el poder tradicional, como el de los gobiernos, tiene más difícil ejercer su autoridad. Según Naím, los micropoderes hacen que los gobiernos sean más débiles, pero también acechan a las grandes empresas, enfrentadas a competidores ambiciosos y advenedizos que sacan provecho de las nuevas tecnologías.

El autor habla de tres revoluciones para certificar que los grandes poderes están en crisis. En primer lugar, la revolución del más, derivada del aumento de la población en el planeta, no solo en sentido cuantitativo sino también cualitativo, con notables mejoras en la calidad de vida. La segunda revolución es la de la movilidad, con el aumento de las migraciones y el crecimiento espectacular de las ciudades, y que incluye también el flujo de la información a escala mundial.

Por último, hay que destacar la revolución de las mentalidades. Esta revolución es probablemente la más llamativa, y se caracteriza por la provisionalidad de las situaciones, en la que nada ha de darse por descontado. Esto favorece la agitación política, que afecta sobre todo a los jóvenes de los países subdesarrollados, sin olvidar a los de los países ricos. Es un segmento de población deseoso de cambios, que tiene una gran movilidad y está mejor conectado con las tecnologías y con la realidad circundante.

El efecto es una creciente ascensión de la autonomía individual y de la defensa de la igualdad de género, combinada con un espíritu de rebeldía frente a los poderes de la familia, la comunidad, la sociedad y la religión. Naím lo acredita con ejemplos del aumento de los divorcios en los países del Golfo Pérsico o la proliferación de teleoperadores en la India, un tipo de empleo asociado al rechazo de viejos valores y un aumento del consumo individualista.

Con todo, el autor no profundiza demasiado en la revolución de las mentalidades, aunque considera positivos sus efectos en lo que se refiere al auge del escepticismo y el surgimiento de actitudes más abiertas a los cambios. En su rechazo de todo lo que considera dogmatismo, quizás no tiene demasiado en cuenta que esto propicia una mayor inestabilidad en las sociedades de cualquier rincón del planeta.

No menos llamativo es el análisis de Naím sobre el desafío de los micropoderes para las ONG, sindicatos o medios de comunicación, anquilosados en estructuras jerárquicas y centralizadas, lo que explicaría su crisis interna. Una explicación extensiva a religiones como el cristianismo, y en especial a la Iglesia católica, que pierde cada vez más adeptos en América Latina en beneficio de los movimientos pentecostales. Según el autor, su decadencia vendría no solo de su jerarquización y apego a rituales austeros y repetitivos, sino sobre todo de no haber sabido difundir el “evangelio de la prosperidad”, en el que la fe y el éxito económico van juntos. Pero no se plantea si el “evangelio de la prosperidad” responde realmente a lo que dice el Evangelio o si es solo una versión edulcorada para captar al cliente.

Naím sabe enumerar magistralmente los desafíos y efectos de la crisis de los grandes poderes en el mundo actual, aunque las soluciones aportadas quedan en el marco de lo teórico, al abogar por una revitalización de la democracia, con un fortalecimiento de los partidos políticos, o una mayor cooperación entre los países.


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