El Observatorio

Cómo preparar el próximo Sínodo sobre la familia

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Entre el Sínodo extraordinario de 2014 y el ordinario de 2015, la Iglesia tiene una oportunidad para reflexionar sobre lo que, a juicio de George Weigel, pretende el Papa Francisco con la convocatoria de estas dos asambleas: analizar la crisis del matrimonio y de la familia en la sociedad actual, y relanzar la propuesta de la Iglesia católica sobre el amor humano como respuesta a esa crisis.

En un largo artículo publicado en First Things, Weigel reflexiona sobre las tres inquietudes principales que el Papa reflejó en su mensaje final a los participantes en el Sínodo de 2014: la inquietud apasionada por una Iglesia en permanente estado de misión; la inquietud compasiva por las personas que están en situaciones difíciles; y la inquietud comprometida por las verdades perennes de la Iglesia católica.

Para Weigel, investigador en el Ethics and Public Policy Center de Washington y autor de dos completas biografías sobre Juan Pablo II, el deseo del Papa Francisco de impulsar la pastoral familiar de la Iglesia se ha visto deslucido en parte por una serie de causas.

El enfoque informativo de muchos medios no contribuyó a entender el objetivo del Sínodo de 2014, ya que optaron por explicar el proceso sinodal como una lucha de poder entre progresistas compasivos y conservadores intransigentes.

Pero los medios no fueron los únicos culpables: el escenario se volvió confuso desde el momento en que cambió la anterior praxis informativa sobre las sesiones: en vez de publicar las intervenciones completas, la secretaría del Sínodo optó por distribuir resúmenes que, según Weigel, no siempre eran fieles al espíritu de las discusiones.

Se trata de mostrar que las verdades de la Iglesia sobre el amor y la sexualidad dan lugar a familias más felices y a sociedades más humanas

Otro error fue que en el documento de trabajo elaborado a mitad de Sínodo se colaran un puñado de conclusiones ajenas al sentir común de los padres sinodales, lo que fue corregido en el documento final (cfr. Aceprensa, 21-10-2014).

Verdad y misericordia van de la mano

Ahora que la Iglesia se encuentra entre ambos sínodos, dice Weigel, es un buen momento para preguntarse cómo dar respuesta a ese deseo del Papa de fortalecer el matrimonio y la familia en el contexto de la nueva evangelización. En sintonía con las tres inquietudes expresadas por Francisco, Weigel da una serie de pistas para preparar el Sínodo de 2015.

Propone, en primer lugar, afrontar los debates públicos sobre el matrimonio y la familia “con más datos que anécdotas”. Se trata de mostrar que las verdades de la Iglesia sobre el amor y la sexualidad dan lugar a matrimonios, familias e hijos más felices y a sociedades más humanas que las que propician la deconstrucción postmoderna. Cuando la Iglesia enseña esas verdades “está proponiendo el camino a la felicidad y al desarrollo humano, no a la represión y a la miseria”.

Weigel recomienda tomarse más en serio el enfoque pastoral que San Agustín sintetiza con la imagen de “la escala del amor”, un proceso gradual para ayudar a las personas a buscar el bien, partiendo de su situación concreta. También el Sínodo extraordinario de 2014 se refirió a la “ley de la gradualidad” descrita por Juan Pablo II en el número 34 de la Familiaris consortio (cfr. Aceprensa, 15-10-2014). Esta orientación, advierte Weigel, no puede usarse de espaldas a la verdad sobre el matrimonio y la familia, que es el ideal al que se pretende acercar paulatinamente a las personas.

La respuesta a la crisis del matrimonio y de la familia se ha de vincular de forma más incisiva a la nueva evangelización

Para relanzar la nueva evangelización

Tras quedar patente en el Sínodo de 2014 que no había consenso en torno a la polémica “propuesta Kasper” de readmitir a la comunión a los divorciados vueltos a casar, la preparación del próximo Sínodo es una oportunidad para aclarar a los fieles ciertas enseñanzas de la Iglesia que esa polémica puede haber oscurecido: por ejemplo, la relación entre el matrimonio, la Eucaristía y la penitencia; o la diferencia entre la alianza sacramental que supone el matrimonio ante la Iglesia, y el simple contrato civil de una pareja a la que el Estado reconoce efectos jurídicos.

En el Sínodo de 2014, el Papa pidió a los padres sinodales que hablasen con franqueza y valentía. Weigel cree que esta petición puede secundarse mejor si el Sínodo de 2015 se encarrila por otros derroteros. “Esto pasa quizá por cambiar a algunos de los que están al frente de la secretaría del Sínodo. Pero el cambio más importante tiene que darse en la actitud. La secretaría del Sínodo debe comprender que existe para servir a los padres sinodales”.

La respuesta a la crisis del matrimonio y de la familia se ha de vincular de forma más incisiva a la nueva evangelización. Aquí ayudaría, dice Weigel, incorporar como auditores y expertos a profesores del Instituto Pontificio Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia, con los que no se contó para el Sínodo de 2014. Según Weigel, estos profesores destacan no solo por ser pioneros en el desarrollo de la teología del cuerpo, sino también por su experiencia pastoral en ambientes culturales hostiles. Una combinación que les hace particularmente idóneos para impulsar la visión del Papa Francisco de “una Iglesia en permanente estado de misión”.


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